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° Viaje al exterior

° El urdilo

° Jugando a que Yo era Yo

° El monstruo

° La cama

° Los prehombres

° Venus

° Mi hermano Carlos

° Libra

° Drama en la alcoba

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VIAJE AL EXTERIOR

–No, no, veinticinco años es mucho. ¿No te das cuenta? Piensa, piensa lo que es un segundo tras otro, un minuto tras otro,  un siglo tras otro, un medio siglo tras otro, una semana santa tras otra, una Navidad tras otra, tantas navidades. Creo que no me oyes. Claro, si me oyeras ya me habrías… ¿Por qué me contradices siempre?
–No, no te contradigo, pero eres tú la que no escucha… ¿no oyes?
–“No, no te contradigo”. Eso dices cada vez que quieres molestarme. Pero esta vez soy paciente.  Mira… Ya sé que no ves nada, pero piensa, veinticinco años de dormir juntos han bastado para que no me mires, cuando antes…
–No, no, ¿antes de qué?
–¿Lo ves? Ya vas a contradecirme antes de saber… Antes… al principio ¿entiendes?
–No, no entiendo qué tengo que entender.
–Quiero decir, antes me veías ¿cómo te diré?… Acuérdate de que hasta te rompiste un diente al morder un tenedor, por estarme mirando…
–No, no, nunca me he roto ningún diente por estarte mirando.
–Vaya,  hasta se te olvidó, figúrate si no será mucho tiempo veinticinco años que ya hasta se te olvidó cómo me mirabas, ahora sólo piensas  en mover la boca.
–No, no, yo no muevo la boca.
–Porque no tienes nada que comer ahora, pero sólo piensas en eso, en comer, en comer, en comer… ¿qué quieres olvidar comiendo, si todo lo has olvidado ya? A ver, a ver ¿te acuerdas de quién eras? Ha pasado tanto tiempo que ya no sabemos quiénes somos.
–No, no, dirás quiénes fuimos.
–Fuimos, somos, seremos, es lo mismo. El mismo verbo absurdo, apenas he dicho soy, cuando ya dejé de ser, entonces ¿para qué pensar? ¿Te gusta pensar?
–No, no, y menos ahora que no hay otra cosa que hacer más que pensar, pero sabes, si salimos de viaje te prometo cambiar…
–¿Cambiar? Pero si es todo lo que has hecho en veinticinco años o siglos o lo que sea que llevamos viviendo es: cambiar, cambiar, cambiar, hora por hora, mes por mes, milenio por milenio, aniversario por aniversario, ocaso por ocaso. ¿No te gustaría quedarte por un tiempo siendo el mismo? ¿Joven o viejo, con barba o sin ella, rico o pobre, pero el mismo?
–No, no, y menos ahora que no sé siquiera si estoy sentado, acostado, completo, quebrado o muerto.
–Allá tú, creo que lo único que me ha sostenido viva en este tiempo difuso, es la inmovilidad que me ha dado la noción de ser algo preciso, inmutable, intangible como la frontera borrada de lo real. Ahora creo que nada de lo que ha ocurrido desde que oscureció  a las siete de la mañana es real. Creo que ni tú eres real.
–No, no, yo soy el real, lo único real. Y tal vez sólo te estoy soñando.
–No te finjas Calderón, hace muchos siglos que…
–No, no hables, escucha… ¿No oyes ruidos? Alguien viene…
–Con razón dices que estás soñando. Nadie viene, y no hay ningún ruido.
–No, no es cierto. Oigo claramente que alguien viene.
–¿Te acuerdas de aquel viaje al interior, en que te dormiste como doce horas seguidas?
–No, ningún viaje ha sido al interior. Al menos no los que hemos hecho juntos.
–¿Juntos? Tú en tu sueño y yo en el mío. Tú en tu cama y yo en la mía. Tú adentro de tu libro, y yo adentro del mío. No, ningún viaje de los que hemos hecho, lo hemos hecho juntos…¿Recuerdas siquiera cuándo fue nuestro último viaje? ¿Por qué no respondes? ¿El filósofo duerme? ¿El filósofo sueña? ¿El filósofo medita? Todo lo que haces es huir, huir de ti mismo, huir de mí, huir del universo real y hasta del irreal. Yo también, a veces he soñado, no ahora. Ahora… si pudiéramos  viajar, ir al exterior y ver el mundo… quizá sería diferente, tal vez ahora podríamos viajar juntos ¿no lo crees? Podríamos apresar la realidad y encerrarla en una jaula para aquietarla, para que quedara allí inmóvil, como en una pintura de Remedios Varo, y darle de comer en la boca con la misma resignada abnegación de un verdugo. Si pudiéramos volver a crear el mundo, si pudiéramos…
–No, no podemos. Somos nosotros los que estamos aquí presos, inmóviles, quietos, convertidos en estatuas de sal, de salitre, de óxido…
–De odio…
–No, no hables, escucha, alguien viene…
–¿Todavía crees en Santa Claus? Ahora te veo con claridad, tienes dos pozos profundos en lugar de ojos, como los de los gatos cuando nos miran desde el otro lado de la luz. ¿Cuándo fue la última vez que me dijiste que me amabas? ¿Lo recuerdas?
–No, no, creo que nadie viene, tienes razón, sólo fue un deseo ilusorio, envuelto en papel de Navidad.
–¿Lo recuerdas?
–No, no recuerdo nada. ¿Qué es la memoria?  No sé cuánto tiempo tenemos aquí, ni qué es lo que hacemos, ni  por qué estamos juntos todavía…
–Mientes Laurel, como siempre. Hace mucho que no estamos juntos. Hace un millón de años de soledad sin ti y sin mí. Veo un resplandor en tus hojas, veo el contorno de tu tronco, tu corteza de fiebre, tus huellas en la noche…
–No, no me ves, porque no estoy aquí, estás inventándome, Circe, Circe, despierta.
–Estoy más despierta que nunca, y esta vez quizá tengas razón, yo te he inventado. Ayer, mientras comías, descubrí la invención traicionada, yo no te había puesto esa ansiedad de muerto de hambre en las fauces, ni esos ojos de buitre para medir el vuelo hasta el mordisco preciso en la carroña, ni esas garras  para arrebatar la presa al adversario. Te vi comer y te desconocí. Tú no eres el mismo que yo inventé hace veinticinco siglos…
–No, no soy el mismo, pero tal vez fui yo quien te inventó: circula, circulare, circularum.
–¿Qué pretendes? Filósofo de los vagabundos. Nuestros nombres son uno, y no puedes contradecirme, como siempre ¡no esta vez! Quien inventa un laberinto, termina perdido en él. Quien fabrica un puñal muere en su filo, pero quien inventa un dios, termina siéndolo. Si yo te inventé, ahora yo soy tú, y si tú me inventaste ahora eres yo. Esta vez, el viaje al exterior, lo haremos juntos, a querer o no.
–Eh, eh, respondan. ¿Hay alguien allí? Por aquí, mete la linterna. Uf. ¡Qué olor! Es un hombre y una mujer. El tipo debe de haber  muerto con el derrumbe, tiene la cabeza partida. Es increíble, compa, ella respira. ¿Cómo pudo sobrevivir enterrada tanto tiempo, con tan poco oxígeno y esta pestilencia?  Han pasado ya veinticinco días del terremoto.