TEXTOS

° De camino al Concierto

° Carrillo Puerto: Una flor para tu sueño

° Tlacaélel

° Año nuevo, vida nueva

° Huellas de la piedra

°El pulpo. Tragedia de los hermanos Kennedy

° Miralina

° El hijo de trapo

° Claudia y Arnot

° Sol Nostrum

° En las manos de Uno

° Entre hermanos

° La telaraña

° Fraude a la tierra

° Un niño en Cuernavaca

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Prólogo a Miralina” en la 2ª edición. México:  UNAM,  1978, p. 171.

Prólogo a “Miralina”
Para Marcela del Río y para
su obra “Miralina”.

Miralina y Omphale.
Miralina y Alicia.
Miralina y Justina.
En el país de las maravillas las mujeres torturan.
Con látigos o sin ellos.
Y cuando el teatro es “maravilloso” el amor loco emerge.
Miralina crea, sus manos recrean y su vientre procrea.
Yo quisiera profanar a Miralina y viceversa.
Tanta identidad de los contrarios. En la escena
encontraré a la Miralina que leí. Versión pánica será,
pues, lo que fue lectura pánica.
Omphale y Miralina.
Alicia y Miralina.
Justina y Miralina.
En el país de las maravillas a las mujeres se les tontura.
Con látigos o sin ellos.
Y cuando en el teatro emerge el amor loco se
convierte en “maravilloso”.

FERNANDO ARRABAL
Paris, 17 de mayo de 1962

MIRALINA
PIEZA EN CUATRO ESCENAS
(1962)

Lo que sabemos de una persona se reduce a un aspecto de su carácter. Ofrecemos a cada uno una cara diferente del prisma.
                             Lawrence Durrell

Miralina se estrenó en la ciudad e México, el martes 5 de octubre de 1965, en el Teatro del Granero, bajo la dirección de Fernando Wagner. Escewnografía de David Antón, con el siguiente

REPARTO:

Miralina.............. ROSA MARÍA CALOCA
Herlo.................................. XAVIER MARC
Belio ............................. SERGIO JIMÉNEZ
Imov ........................... ENRIQUE BECKER
Lárcom ..................... ROBERTO DUMONT
Amner .............. JUAN FELIPE PRECIADO

[Una ciudad moderna cualquiera.]


PRIMERA ESCENA
[Música. Silencio.]
[Voz de Miralina. A telón cerrado:]
Y yo nací
—al principio de una calle sin medidas—
—suspendida en la substancia azul de la ilusión—
y estaba entera...
como un silencio sin raíces, sin ramas que lo bifurquen
       o lo opriman
como una esfera blanca que no ha manchado el tiempo.

Entera...

Y presentí al mundo
—guillotina de sonidos rebanando silencios—
Y... tuve miedo…
miedo de ser despedazada
miedo de convertirme en un instante salvaje de estallidos
miedo de no ser más esfera y luz y unidad...
Pero ahí, en el principio de esa calle sin medidas
      estaba yo, suspendida en la substancia azul de la ilusión.
[Música. Se abre el telón. Escena: un terreno baldío en el que crece hierba silvestre. Un árbol pequeño. Al fondo y a la izquierda, limita el terreno la parte pos­terior de una casa de varios pisos, de la cual puede verse una ventana en lo alto. Es casi de noche. Se escucha ruido de vehículos: motores en marcha, claxons, automóviles que enfrenan; voces confusas de personas que conversan al caminar por la calle y otros ruidos con los que se va haciendo una amalgama que crece en intensidad.]
Voz:        ¡… gínate tú que no se acordaba ...! ¿No es imper­dona...?
[Voces ininteligibles por el ruido.]
Voz:       ¡Es imperdonable que en plena ciudad se admita la permanencia de un terreno abandonado como éste!
                  [Voces ininteligibles.]
1ª  Voz: Me parece increíble que él no se acordara…sobre todo cuan . . .
                  [Voces ininteligibles.]
Voz:       ¿De qué no se acorda…?
[Se pierde el sonido de la voz. Se oyen pasos de transeúntes que cruzan con rapidez y se alejan. El ruido de la calle disminuye. Miralina entra por la derecha. Es joven, fresca, de apariencia débil. Tiene el cabello negro y muy largo, lo lleva suelto. Su vestido de color pálido deja traspasar la luz. El cuerpo de Miralina hace sombra en el vestido. Lleva una chalina en el cuello, camina cautelosamente procurando no pisar una espina y cuidando que su vestido no se atore en la hierba. Mira cuidadosamente cada parte del terreno como para reconocerlo.]
Miralina:    [Suavemente] Herlo…[Se atreve a elevar el volumen de su voz] ¡Herlo! [Al darse cuenta de que él no está, siente miedo.] Te estás escondiendo tras del árbol…ya te vi…[Suplicante.] ¡Sal! [Camina hacia el árbol dándose ánimo a sí misma, pero sin creer realmente que lo encontrará detrás. Llega al árbol, lo rodea y se asusta al corroborar la ausencia de Herlo. Casi llorando.] ¡Herlo! ¿por qué me asustas?
[Entra Herlo, también por la derecha, es hermoso, joven, a su lado se siente seguridad y protección, como si desapareciera cualquier peligro. Miralina no lo ve.]
Herlo:         ¿Qué quieres para quitarte el susto?
Miralina:    ¡Herlo! ¡Estás aquí!
Herlo:                  ¿Te asustó mi sombra?
Miralina:    No,tu ausencia.
Herlo:         [Triste.] Entonces hay algo mío que te asusta.
Miralina:    La ausencia no es tuya… es… [Se confunde.]
Herlo:         ¡Olvida!
Miralina:    Sí… lo he olvidado. [Se abraza a él.]
[Amner se asoma por la ventana de la casa contigua, procura que no lo vean Miralina ni Herlo. En la calle se han prendido las luces y llega hasta el terreno el reflejo intermitente de los anuncios que se encienden y se apagan cambiando de color.]
Herlo:         No quisiera que lloraras como ayer.
Miralina:    ¿Lloré ayer?
Herlo:         Sí, y eso acorta la vida.
Miralina:    No lloraré más. Seré siempre como hoy me ves…para ti…y cuando llevemos muchos años de vivir juntos y no tengamos en qué entretenernos, te contaré viejas historias que te hagan recordar.
Herlo:         ¡Miralina! Cierra los ojos. [Ella lo hace.] Espera. [Se separa de ella]
Miralina:    No te vayas, me da miedo.
Herlo:         ¡Escucha! [Saca unos crótalos que se coloca en los dedos de las manos, los hace sonar como campanitas, pero en ese instante, se escuchan de nuevo los ruidos de la calle: pasos, voces, claxons, frenos de automóviles, que cubren la suavidad del campanilleo del instrumento.]
Miralina:    No oigo nada.
[Cesa el ruido de la calle.]
Herlo:         ¡Escucha ahora!
[Hace sonar de nuevo los crótalos, al tiempo que se reanuda el ruido en la calle. Sobresalen apenas algunas voces.]
Voz de Mujer: ¡Te pegaré… te pegaré ...!
Voz de Muchacho: No voy… no soy tan…[Se pierden las voces]
Miralina:    No oigo nada.
[Cesa el ruido.]
Herlo:         [Desanimado.] Ahora…,escucha.
[Va a hacen sonar los crótalos pero se detiene como temiendo que se produzca un nuevo ruido en la calle. Silencio.]
Miralina:    No oigo nada.
Herlo:         [Animado.] Cierra bien los ojos… [Hace sonar los cró­talos con una gran suavidad.]
Miralina:    [Con los ojos cerrados aún, su rostro adquiere luz. Una gran felicidad la invade.] Siento un temblor… [Como si hablara dormida. Herlo no deja de tocar.] Es un mundo…Cada quien tiene un mundo. Hay mundos que chocan y mundos que se unen. Mundos disociados y mundos que fecundan. Mundos que van de una reja a otra. Mundos estériles. Mundos al aire libre; anchos…más que la imaginación. Mundos esque­léticos, mezquinos. Mundos luminosos. ¡Herlo! Mi mundo tiene por límite tu cuerpo.
Herlo:         [Sin dejar de tocar.] Seré el mundo que tú prefieras.
Miralina:    ¡Ven!
Herlo:         [Refiriéndose a los crótalos.] ¿Te gustan? Los compré en Estambul. [Deja de tocar.]
Miralina:    [Como si despertara. Asustada.] ¡ Ah ...! [Sonríe para disimular.] ¿En Estambul?
Herlo:         Miralina… de nuevo tuviste miedo.
Miralina:    Por un momento, pero . . .
Herlo:         [Le da los crótalos.] Toma, son tuyos.
Miralina:    ¿De verdad? ¿Míos?
Herlo:         Sí.
Miralina:    [Los toma con gran cariño.] Gracias . . .
Herlo:         ¡Te deseo!
Miralina:    [Corre, salta, baila. Los reflejos de las luces de la calle dan a su silueta un aspecto etéreo.] ¡Estoy contenta!
Herlo:         Ven.
Miralina:    Es necesario comenzar.
Herlo:         ¿No me das antes tu cuerpo?
Miralina:    Te daré un beso.
Herlo:         [Abre los brazos. Se acerca Miralina, se sube sobre una piedra y le da a Herlo un beso en la frente. El la abraza.] ¿Tu cuerpo, no?
Miralina:    Después. [Se desprende de él.] ¿Por dónde vas a em­pezar? [Se escucha nuevamente el ruido de la calle. Miralina corre a refugiarse con Herlo. Cesa el ruido.]
Herlo:         Por la barda. No volverás a sentir miedo.
Miralina:    Quiero que sea muy alta. ¿Qué harás con la hierba?
Herlo:         Un lecho.
Miralina:    Y entonces te daré mi cuerpo.
Herlo:         Y después…,  volveremos al mundo ajeno como si nada hubiera sucedido.
Miralina:    ¡No!
Herlo:         ¡Es necesario!
Miralina:    ¡No!
Herlo:         Tendremos los dos un mismo pasado.
Miralina:    ¿Uno sólo?
Herlo:         Sí.
Miralina:    Acepto. Comienza.
Herlo:         Espera que sea de día.
Miralina:    Yoprefiero la noche.
Herlo:         En ella se siente incertidumbre. No sabemos de qué color serán las cosas en el día. Mira ahora nuestro árbol, es negro.
Miralina:    La incertidumbre se siente en el día. De noche siempre sabemos qué color tienen las cosas, no hay distinciones, todo se iguala. Me gusta la noche.
Herlo:         También a mí, pero si construimos ahora no sabemos cómo aparecerá mañana.
Miralina:    ¡Quizá también la apariencia sea importante! [Cari­ñosa.] Será como quieras…¿Dónde irá el cuarto de los niños?
Herlo:         Arriba, como un palomar.
Miralina:    ¿Y el salón de comer pasteles?
Herlo:         Abajo, junto a los libros y la música.
Miralina:    ¿Dónde nuestro lecho de hierba?
Herlo:         Bajo el árbol, al que haremos crecer como un gran techo.
Miralina:    ¡Quiero un jardín en el que haya flores de papel!
Herlo:         Lo tendrás. ¡Y también flores de olor!
Miralina:    No…esas se marchitan… y no quiero nada que se marchite.
Herlo:         Nuestra alcoba tendrá una alfombra de plumas.
Miralina:    Y cortinas de hojas… hojas de cera.
Herlo:         ¡Te deseo!
[Amner se asoma pon la ventana.]
Miralina:    He recordado ahora la casa de mi infancia… cuando yo era niña, pasaba por la calle un gitano con un oso ino­fensivo… el gitano contaba: “uno, dos; uno, dos; uno, dos; uno, dos; uno, dos . ..“ daba palmadas y el oso subía a un banco y comenzaba a bailar al compás de las palmadas . . .
Herlo:         Juguemos, yo seré el oso y tú el gitano… [Se pone al cuello la alargada chalina que llevaba Miralina y da palmadas con las manos de ella.] Vamos… “uno, dos; uno, dos…” [Bailotea imitando a un oso.]
Miralina:    [Asustada.] ¡No!  [Le quita la chalina y se abraza a él.] Tú no…
Herlo:         ¿Qué te pasa?
Miralina:    [Temblando de miedo.] Un día vi cómo unos hombres uniformados mataban al oso a palos…se había comido al gitano,  me dijeron…
Herlo:         ¿Qué le había hecho el gitano?
Miralina:    [Descubriendo que ella nunca se había hecho esa pregunta.] Seguramente algo horrible.
Herlo:         ¡Te amo!
Miralina:    [Más tranquila.] Me gusta la oscuridad.
Herlo:         Bailemos…ni como los osos, ni como los gitanos.
Miralina:    ¿Cómo entonces?
Herlo:         Como los duendes.
[Bailan en la oscuridad. Sólo se ven las siluetas y el rostro de Amner asomado a la ventana. Silencio. Suena de pronto un estruendo de claxons. Miralina suspende el baile y grita. Silencio. Miralina llora.]
Herlo:         ¡Tus alfeles!
[Miralina toma los crótalos, los hace sonar suavemente
y su llanto se va volviendo una tenue sonrisa. Se tira
en el suelo. Ríe más y más. Herlo le besa los pies, pasa
a las piernas, ascendiendo por el cuerpo de ella.]

OSCURO TELÓN


SEGUNDA ESCENA
[Música. Silencio.]
[Voz de Miralina a telón cerrado:]
Mi ilusión, espuma inaprehensible
 coloración que la lluvia deslava,
no pudo defenderse.
Aprendí a soñar, a refugiarme, a huir.
[Se abre el telón (o se enciende la luz, en el caso de que el cambio de escena se haya resuelto sólo con un oscurecimiento). El mismo terreno. Es de día. La hierba cortada forma un lecho bajo el árbol. A la derecha se ve la barda que está aún sin terminar. Junto a ella, algunos materiales de construcción apilados sin orden. La apariencia de los materiales es de inconsistencia, contrastando con la solidez de la barda. Belio trabaja en la construcción de la barda, va vestido con un traje de estilo o época diferente a los de Herlo y Miralina; su aspecto es tosco, áspero y brutal. Herlo y Miralina per­manecen sentados sobre el lecho de hierba, mudos y mirándose a los ojos. Belio, de vez en cuando, suspen­de su trabajo y los ve con envidia. Suena de pronto el ruido de la calle, pero mucho más débil que en la pri­mera escena. Miralina ve hacia la calle, no resiste el resplandor del sol y se cubre los ojos. Hace sonar los crótalos.]
Herlo:         Debes acostumbrarte.
Miralina:    [Deja de tocar.] No puedo.
Herlo:         La claridad es buena.
Miralina:    Me siento más segura en la noche.
Herlo:         Pero si estoy a tu lado.
[Amner se asoma a la ventana.]
Miralina:    [Toca nuevamente los crótalos. Se miran a los ojos. Poco a poco Miralina cierra los suyos.] ¡Herlo! Veo a lo lejos una montaña azul. El horizonte es un mar viejo. ¡Quiero todo ese azul para mí! Voy hacia la montaña. Tendremos nuestra propia luz, voy a traerme el azul para ti, para mí… Me acercomi cuerpo va de un espacio a otro, adelantando…  mis pies no se mueven, pero el aire se calienta al rozar mis plantas, al golpearse con mis piernas. Apenas alcanzo a apresarlo para respirartanta es la rapidez que he alcanzado…  Me acerco a la montaña, me acercopero, ya no la veo…veo una mon­taña que no es mi montaña¡Herlo! [Angustiada.] ¡Herlo! [Grita.] Ha perdido su azul. [Deja de tocar.] No, no puedo creer­lo. [Herlo la abraza.] Debo de haber errado el camino. Esa mon­taña no era la que yo veía. No era azul.
Herlo:         Miralina. Ya encontrarás tu montaña. No llores.
[Miralina toma las manos de Herlo y las besa con ter­nura. El besa después las de ella.]
Belio:          [Acercándose a ellos.] La cerca está terminada.
[Los dos miran a Belio como si despertaran de un sue­ño, especialmente Miralina. Herlo se levanta y va con Belio hacia la cerca, mientras Miralina guarda los cró­talos en un hueco del árbol.]
Herlo:         La cerca debe ser aislante.
Belio:          Lo es.
Herlo:         Del ruido.
Belio:          Lo es.
Herlo:         Del calor.
Belio:          Lo es.
Herlo:         Debe aislar nuestra soledad de la de los otros.
Belio :        No sé cómo aislarla.
Herlo:         ¿Qué enseñan entonces en la escuela de constructores?
Belio:          A la soledad no se la toma en consideración.
Herlo:         Pues yo quiero un aislante.
Belio :        No existe.
Herlo:         ¿Puede comprobarlo?
Belio:          Sí.
Herlo:         Hágalo. Demuéstreme que no existe un aislante de la so­ledad.
Belio :        Nadie lo ha inventado.
Herlo:         ¿Únicamente lo que se inventa existe?
Belio:          Sí.
Herlo:         ¿Y cómo sabe usted que nadie lo ha inventado?
Belio :        Todo el mundo lo sabe.
Herlo:         Yonecesito un aislante.
Belio :        No existe.
Herlo:         Usted lo inventará.
Belio :        Imposible.
Miralina:    Yo conozco un aislante.
Herlo:         [Sin oírla. A Belio.] Es usted un impostor.
Belio :        [A Miralina.] ¿Qué?
Miralina:    Yo conozco un aislante.
Herlo:         [Sin oírla. A Belio.] Impostor.
Belio:          [A Miralina.] ¿Es verdad eso?
[Miralina afirma con la cabeza.]
Herlo:         [Creyendo que le pregunta a él.] Usted lo sabrá mejor.
Belio :        Escuche. . .
Herlo:         ¡Impostor!
[Belio toma de la cintura a Miralina y la besa. Herlo se queda asombrado. Miralina, ante lo inesperado del gesto, no ha opuesto resistencia. Completamente desmadejada espera que Herlo la defienda.]
Herlo:         ¡Puerco!
[Belio suelta a Miralina, quien, asustada, espera ser vengada por Herlo. Herlo avanza con furia contra Belio.]
Herlo:         ¡Maldito!
[Belio lo ve fijamente a los ojos. Herlo se detiene y
enmudece. Queda como hipnotizado.]
Miralina:    Herlo… ¿qué esperas?
[Belio hace el ademán de colgar del árbol una cuerda. Herlo, hipnotizado, toma la cuerda invisible y se la pone al cuello. Ahorcado, se desploma sobre el lecho de hierba. Miralina corre hacia él, corta una rama en forma de cruz y la coloca sobre el cuerpo de Herlo. Una actitud de autodominio ha seguido a la de miedo. Ha perdido su apariencia de debilidad.]
Belio :        ¡Ven acá, Miralí!
Miralina:    ¿Te llamas Belio?
Belio:          La noche me inspiró ese nombre.
Miralina:    A mí me gusta el día… en la noche todo se hace uniforme ¿tú eres siempre igual?
[Belio la toma en sus brazos y la besa sin que ella opon­ga resistencia.]
Belio:          ¿Fue igual?
Miralina:    ¿Igual a qué?
Belio :         A mi lado no volverás a sentir miedo.
Miralina:    ¿Quién te ha dicho que soy asustadiza?
Belio:          Yo te llevaré a una montaña azul.
Miralina:    No existen las montañas azules.
Belio :        ¿No querías ir a una montaña azul?
Miralina:    Ahora sé que no existen, al acercarnos a ellas desaparece el azul, todo es ilusión de la vista.
Belio:          Cuéntame tu vida.
Miralina:    ¿Para qué?
Belio :        Después la recordaremos juntos.
Miralina:    Pides demasiado.
Belio :        Un día…anda, habla… ¿qué hiciste un día… y otro…?
Miralina:    Veía desde una ventana pasar a un gitano con… no, no puedo.
Belio:          Haz un esfuerzo.
Miralina:    No quiero.
Belio:          Eres tan suave.
Miralina:    No, soy dura… como un cráneo en el que habitan los gusanos y no les proporciona más alimento. Tampoco yo te daré de comer. ¿Qué te gusta de mí?
Belio:          Tu cabello.
Miralina:    Será tuyo, pero no me pidas más.
[Amner se asoma a la ventana.]
Belio:          Veme a los ojos, Miralí.
Miralina:    No… no me gusta ver a los ojos. Mejor continúa el trabajo.
Belio:          ¿Me ayudarás?
Miralina:    ¿Lo necesitas?
Belio:          En cierta forma.
Miralina:    Eres débil entonces.
Belio:          ¿Cómo quieres la construcción?
Miralina:    De piedra, con arcos que sean como eslabones de una cadena.
Belio:          ¿Dónde irá el cuarto de los niños?
Miralina:    Abajo, junto al jardín.
Belio :         ¿Y mi cuarto de limpiar medallas?
Miralina:    Bajo la escalera.
Belio :         ¿Y mi cuarto de dibujo?
Miralina:    Junto a tu alcoba, a tu regadera, junto a tu fumadero. Engreído… ¿qué crees… que todo será tuyo? ¿Qué has hecho para ganarlo?
Belio :         [Exaltado.] ¿Qué? [Toma a Miralina de la mano, la arras­tra hacia el cuerpo exánime de Herlo y se lo muestra. Amner se retira de la ventana.]
Miralina:    ¿Crees que por eso tienes derecho? Te dije que no pidieras más. Vivirás en el cuarto de la servidumbre. Comerás lo que deje mi perro. Vamos, a trabajar.
Belio:          ¡No te reconozco!
Miralina:    Si todavía no me conoces.
Belio :         Pero con él. . .
Miralina:    No lo menciones, te lo prohibo.
Belio :         Eres distinta Miralí… me engañaste.
Miralina:    El era Herlo… tú eres Belio, no engaño a nadie. ¡A trabajar!
[Belio quiere increparía, pero se siente dominado por Miralina. Se dirige hacia los materiales y empieza a construir. Miralina va hacia el árbol, saca los crótalos y comienza a tocar.]
Miralina:    ¡Mú… si… ca...! Mús… ic… aaaa… Mmmm… ús… ica! Voy caminando, me encuentro con ancianas que se apoyan en bastones. ¡Me pegan! No sé por qué. ¡Me duele! Veo una gran esfera blanca… quiero entrar en ella… me doblo. ¡Ya estoy dentro! Ahora ella me protege de los bastones. Es extraño, por dentro la esfera blanca no tiene luz.
Belio :        [Sin oírla.] Tú dijiste que sabías aislar la soledad, enséñame cómo hacerlo.
Miralina:    [Sin escucharlo, sigue tocando.] Me siento tan plácida aquí que no necesito respirar. Mi piel está resbalosa. Una hume­dad entra por todos los poros. ¡Qué paz!
Belio :         ¡Miralí! ¿Cómo puede aislarse? ¡Dime!
Miralina:    [Sigue tocando sin oírlo.] La esfera blanca se balancea… y yo voy dentro de ella meciéndome como si fuera en el mar.
[Belio se acerca a Miralina con unas tijeras y le corta el cabello.]
Miralina:    [Deja bruscamente de tocar.] ¡Ay! Tengo frío.
Belio :         [Casi simultáneamente.] ¡Ay! Tus cabellos queman.
[Tira los cabellos lejos de sí y se retuerce por el dolor de una quemadura en las manos. Grita.]
Belio :        ¡Miralí!
Miralina:    ¿Has conocido un asilo de ancianos?
Belio :        ¡Mis manos!
Miralina:    ¿Crees que es enternecedor? Noes repugnante. Tienen la vista fija, como si sólo un punto existiera en la tierra. [Belio sigue sin prestar atención.] Los tienen arrumbados cerca de donde puedan satisfacer sus necesidades… las manos...
Belio :        ¡Mis manos! Miralí. . .
Miralina:    las manos tienen las huellas de sus excrecencias, y ¿sabes? apestan… ¿Crees que sus hijos sientan compasión de sí mismos?
Belio:          ¡No soporto mis manos!
Miralina:    Córtalas pues… ¿o crees que sean más importantes unas manos que la vida de un anciano?
Belio:          ¡Vete al diablo con tus ancianos y tus cuentos!
Miralina:    [Tranquila.] ¿Podrás continuar la construcción ahora?
[Belio en el colmo de su furia, da de patadas al cadá­ver de Herlo. Esto paraliza a Miralina y la aterra. Belio sale de escena por una puerta disimulada en la barda. Miralina se hinca ante Herlo y llora como si llorara la muerte de sí misma. Comienza a oscurecer. Aparece por la misma puerta Imov. Desaliñado, más joven que Miralina. Vestido también con ropa de estilo o época diferente a la de Belio y Herlo, un tanto infantil.]
Imov: ¿La señora Mira? [Miralina, de espaldas, afirma con la cabeza.] Me dijeron que aquí se solicitan albañiles para una construcción.
Miralina:    [Aún de espaldas.] Sí… queda usted contratado, pero vuelva mañana, ahora… ya es casi de noche.
[Imov queda de pie en el mismo lugar. La luz de la tarde todavía no ha desaparecido cuando se encienden los anuncios de la calle, intermitentes.]
OSCURO  O  TELÓN

TERCERA ESCENA

[Voz de Miralina en la oscuridad:]
Mutilada la rosa pierde su belleza.
Busqué el retoño que yo protegería.
¡Cándida substitución!
La sed primordial, insaciada, se esconde en un recodo transitorio para volver
insobornable,
a exigir la verdad.
[Se ilumina la escena. La construcción, recién comen­zada, es endeble y con apariencia de cosa vieja. Mira­lina ha perdido su belleza; su vestido se ha vuelto opaco y pesado; está de pie, peinando a Imov, quien se apoya sobre el material de construcción. El se deja mimar como un niño. El cuerpo de Herlo ha desaparecido y en su lugar se ve la pequeña cruz formada con la rama, la cual conserva todavía las hojas que tenía cuando era parte del árbol.]
Miralina:    No te muevas.
Imov: Tengo hambre.
Miralina:    Espera un poco, déjame arreglarte… te has estado revolcando como un niño.
Imov: ¡Te quiero Mira!  [Trata de besarla y ella no se deja.]
Miralina:    No te muevas Imov, o nunca estarás listo.
Imov: [Se levanta, toma un bambú y lo coloca en la construcción.] Mira, ¿no se ve bonito así?
Miralina:    Ven acá. [Imov gira en torno a ella moviendo la cabeza y riendo.] Me vas a marear.
Imov: [Ríe.] Me gustas cuando te enojas.
Miralina:    No vas a salir a la calle así de desarreglado. Deja de jugar.
Imov: ¡Oh! No tienes sentido del humor.
Miralina:    No, no tengo. Voy a hacerte a ti las cosas que tú me haces, a ver si no pierdes tu sentido del humor.
Imov: ¿Quisieras que yo también me enojara? .
Miralina:    Sí.
Imov: Pues… no tengo ganas… me gusta reír. Y mira, me río. [Ríe.]
Miralina:    ¿No vas a dejar que te peine?
Imov: [Jugando.] Sí… sí… sí. . .
Miralina:    Si no te dejas, no te daré un regalo que tengo para ti.
Imov: [Entusiasmado.] ¿Qué es?
Miralina:    Ya lo sabrás.
Imov: ¿Dónde está? [Se levanta nuevamente y comienza a bus­car.]
Miralina:    [Riendo.] No lo vas a encontrar.Ven acá. Recuerda la condición.
Imov: [Buscando.] ¿Qué es?
Miralina:    Deja que acabe de arreglarte y lo sabrás.
Imov: [Buscando.] ¿Es un caballo de madera?, ¿una marioneta?, ¿un ejército de soldados de plomo? o ¿un ciempiés en pantu­flas? Mira, ¡dime qué es!
Miralina:    ¿Te quedarás quieto y tranquilo después de que te lo dé?
Imov: Sí, sí, lo que quieras. Podrás peinarme, lavarme, coserme. . .
Miralina:    ¿Lo juras?
Imov: Solemnemente juro… ¿cómo quieres que lo haga? ¿Con la mano sobre la Biblia, o sobre una espada, o sobre un árbol? ¿Hincado o de cabeza? ¿Quieres que jure por mi honor o por el tuyo? Quizá prefieras que jure con una frase mágica o con un silbido, como un pájaro. ¿Cómo quieres que jure?
Miralina:    ¡Cierra los ojos! [Sale por la derecha y regresa empu­jando una silla de ruedas, pequeña, de madera, terminada bur­damente, con rendijas entre tabla y tabla.] Puedes abrirlos aho­ra.
Imov: [Entusiasmado.] ¡Qué linda silla de juguete! [Se sienta en ella.] ¡Gracias, Mira! Puedo desplazarme en ella… [Camina de un lado a otro moviendo las ruedas con las manos.] No pu­diste regalarme nada mejor. ¡Cuánto me divertiré!
Miralina:    ¿Estás contento?
Imov: ¡Mucho! [Miralina lo contempla con tristeza.] ¿Qué quie­res que haga para darte las gracias?
[Va hacia ella y le cubre las manos de besos. Miralina las retira en un impulso. Ha recordado a Herlo.]
Miralina:    Nada. . .
Imov: Ya sé. Pondré la ventana. [Se dirige a la construcción y trata de colocar un marco de ventana.] Entrará por ella tanta luz que parecerá que el sol nos hace una visita personal.
Miralina:    [Sonríe tristemente.] Mi niño.
Imov: Ya está. ¿Ves qué rapidez?
Miralina:    Ahora ven acá… cumple tu promesa.
Imov: ¿Qué promesa?
Miralina:    Ven para que te arregle.
Imov: Pero si estoy muy bien así. Prefiero trabajar.
Miralina:    Bien… como tú quieras. No me dejas cuidarte.
Imov: No es eso… Mira… a ver, una risita. . .
Miralina:    [Tratando de mantenerse seria.] Mmmm. . .
Imov: Una risita… [Le hace cosquillas.]
Miralina:    [Ríe.] Siempre has de salirte con la tuya . . .
Imov: Ves qué fácil es estar contentos.
Miralina:    ¿No ha venido nadie?
Imov: Tal parece que nadie lee los anuncios en los diariosNo me explico cómo hay quien paga tanto por anunciar, si nadie lee. La gente se esfuma bajo el suelo, en los túneles, digiere fórmulas y piensa en el dinero, nadie ve al que camina a su lado, ni conoce el color de las calles. La ciudad respira por sus alcantarillas, pero yo estoy contento… No hay nada que me haga enojar. ¿Recuerdas cómo vine aquí?
[Amner se asoma a la ventana.]
Miralina:    ¿Eh . ..? sí… es apenas nuestro primer recuerdo . . .
Imov: ¡Nos fabricaremos muchos recuerdos más, verás!
Miralina:    ¿Cómo decoraremos el jardín?
Imov: Con muchas flores de colores exóticos. ¿Te gustan las flores, Mira?
Miralina:    Sí… Son tan humanas… quiero que haya muchas. Así siempre habrá flores para guardar en los libros.
Imov: Pero ahí se marchitan más pronto.
Miralina:    No importa. Es la única forma de conservarlas. Nada hay más bello que el esqueleto de una flor. Es como vernos en un espejoes un espejo . . .
Imov: ¿Qué habrá junto al jardín?
Miralina:    Tu cuarto de los juguetes.
Imov: ¿De verdad, Mira? [La toma de las manos y le da de vueltas.] Gracias…[Ella no se resiste, pero le falta entusiasmo] Te quieroTe quiero
Miralina:    Tendrás lo que desees. Podrás realizar en tu cuarto: lluvia, niños, soles, explosiones, todo artificial.
Imov: Jugar es hermoso. También construir me gusta porque parece juego. Construir es como resolver un rompecabezas. Voy colocando las piezas al azar y buscando cuál es su destino. [Se pone a trabajar en la construcción.] Mira, una misma pieza la coloco en tres lugares diferentes y la dejo donde se ve más bonita…y donde encaja mejor. [Grita.] ¡Ay! ¡Me lastimé! [Va hacia Miralina que se ha sentado en una piedra.]
 Miralina: [Preocupada.] ¿Dónde te lastimaste?
[Imov se sienta a los pies de ella. Miralina lo acaricia.]
Imov:         Aquí. [Señala su mano. Ella lo abraza protectora y besa el lugar lastimado.] Ya no me duele.
Miralina:    Pobrecito, ¿de verdad ya no te duele?
Imov:         No, ya no. [Ella sigue mimándolo.] ¡Cuéntame un cuento, Mira!
Miralina:    Peroyo no sé cuentos.
Imov:         Sí…, sí sabes. Recuerdo que una vez . . .
Miralina:    “…que una vez“ ¿qué?
Imov:         No… nada.
Miralina:    ¿Qué una vez“alguien” te contó un cuento?
Imov:         …, cuando era niñono pudiste ser tú ¿verdad?
Miralina:    Yo también te contaré unohabía una vez un oso, un oso bailarín. Un gitanoibasiemprecon élNo sé, no recuerdo el cuento. Por otra parte, es inútil que lo sepas, no tiene importancia. [Se levanta y va hacia el árbol, saca del hueco los crótalos y empieza a tocarlos, al tiempo que baila lentamente al compás de la música.]
Imov:         ¡Me gusta tu música!
Miralina:    [Con los ojos cerrados como si hablara dormida.] Un laberinto de metal… entro ... temo perderme en él. Un ojo rojo, al centro de una rueda dentada, que gira a un lado y a otro, me mira. [La música que producen los crótalos va tomando el ritmo del tic-tac de un reloj.] Escucho las pulsa­ciones de este ser que me es tan familiar y tan enigmático. El laberinto parece no tener fin, hay otros ojos rojos y otras ruedas dentadas, unas giran, otras están aparentemente inmóviles, pero todos sus ojos me miran. Ahora voy sobre un fino alambre enroscado, me siento equilibrista de circovoy jugándome la vida y sin embargo, me divierto. Me he vuelto parte del laberinto, ahora mi piel es de metal.
Imov:         ¿Qué haces?
Miralina:    Mido.
Imov:         ¿Qué mides?
Miralina:    No lo sé. Sólo sé que mido algo y que al girar yo, otros dejan de moverse por ello. Yo giro y otros dejan, por mi movimiento, de pensar o de besarse. Giro y los cabellos pierden su color. No sé lo que mido, pero sé que los demás dan importancia a esta medida. No dejo de girar. Nada me detiene. Aunque me peguen, aunque no me alimenten, acabo por recuperar mi posición y sigo midiendo.
Imov:         ¡Ya descubrí tu adivinanza! Mides las horas. ¿Cuántas horas llevas medidas en este día?
Miralina:    [Sin dejar de tocar.]  Diez… y…  seis . . .
Imov:         ¿Puedes hacer algo por mi? Retrocede… Eso es, ahora me siento más joven. [Imov parece hacerse niño.] Ahora, haz que tu laberinto adelante su ritmo, quiero que sea mañana.
Miralina:    [Acelera el ritmo de la música. Gime como si la hubieran herido y se escucha un ruido de maquinaria que se rompe.] ¡Lo has hecho estallar!  [Deja de tocar.]
Imov:         Es el más bello cuento que he escuchado. ¡Cuéntame otro!
Miralina:    ¿Para que también lo destruyas?
Imov:         Me gusta desarmar los cuentos como si fueran un juguete.
Miralina:    No te cuento más. [Guarda los crótalos en su vestido.]
Imov:          No importa, ni creas que me hace falta que me cuentes tus empalagosas fábulas… [Se dirige a la silla de ruedas.] Cubriré mi silla de hojas y parecerá una carroza de carnaval. [Va hacia el árbol para contar unas hojas y, entre las ramas, encuentra la cabellera negra que le corto Belio a Miralina.] ¡Mira!… ¿Qué es esto?
Miralina:    [Impulsivamente, va a arrebatarle la cabellera a Imov, pero se contiene y se la quita suavemente.] Es…era mí cabello
Imov:         ¿Por qué te lo cortaste?
Miralina:    ¿Tú no lo recuerdas?
Imov:         ¿Yo? [Se ofende al pensar que Miralina lo ha confundido con alguien.]
Miralina:    ¿Ahora sí te has enojado?
Imov: No… ni creas que voy a caer en tus trampas para hacerme rabiar.
Miralina:    Ya no lo haré más.
Imov:         ¿Por qué te lo cortaste?
Miralina:    Es difícil de explicar… ¿Has visto cómo podan los árboles para que crezcan más? Yo sólo podé mi cabello.
Imov:         Y… ¿por qué no te ha crecido?
Miralina:    Ya crecerá… ¿quieres que te cante una canción?
Imov:         Todavía no comprendo por qué te lo cortaste.
Miralina:    Una canción para arrullarte, ¿quieres?
Imov:         No, no y no… no me estás diciendo la verdad.
Miralina:    Es la que tú puedes comprender. [Le hace un mimo a Imov.]
Imov:         ¡Déjame! Sólo me cuentas lo que te conviene.
Miralina:    Mi chiquillo caprichoso. ¿Quieres saber la verdad? Te la diré.
Imov:                  [Alza los hombros.] Ya no te creo . . .
Miralina:    Lo corté porque… me hacía cosquillas en la espalda. Era tan simple que dudé que me creyeras, por eso te inventé otra explicación.
Imov:         ¡Te quiero, Mira! Ahora sí te creo. [La toma de las manos.]
Miralina:    ¡Me crees!
Imov:         [Ríe.] Ya lo ves, ni siquiera diciéndome mentiras me hiciste enojar y acabaste por decirme la verdad.
Miralina:    [Con amargura.] Sí… siempre acabo por decirte la verdad.
Imov:         [Ríe.] Te quiero, Mira . . .
[Entra Lárcom, seguro de sí mismo, elegante. También con ropa de estilo diferente.]
Miralina:    ¿Quién es usted?
Lárcom:      Lárcom.
Miralina:    Me gusta su nombre.
Imov:                  Amí no.
Miralina:    Discúlpelo, es un niño…
Imov:         [AMiralina.] No lo soy… y no me gusta su nombre.
Lárcom:      [Sin tomar en cuenta a Imov.] ¡Ah! ¿Ésta es la cons­trucción? [Analítico.] Hm. Creo que en un principio el plan puede ser bueno, pero hay que tomar en cuenta la humedad del suelo, la solidez… la cimentación debe ser capaz de sostener el peso proyectado y aún más, pues en el futuro pueden aumentar las necesidades. [Señala una arista.] Por ejem­plo, esta línea, resuelta en forma oblicua, limita las posibilidades. [A Miralina.] ¿O no lo cree usted así?
Miralina:    [Admirada y seductora.] ¿Eh?  Por supuesto… limita las… ¿qué posibilidades?
Lárcom:      Una línea acusa una posición ante la vida… una línea horizontal revela falta de aspiracionesuna vertical, por el contrario, exceso de elevación; una línea curva, una búsqueda continua; una inclinada, inestabilidad moral . . .
Imov:                  [Mientras Lárcom fija la vista en un bambú inclinado.] Ahora va usted a decir que nuestra construcción es de dege­nerados.
Lárcom:      ¡Oh, no!
Miralina:    No seas impertinente, Imov. [Seductora. A Lárcom.] Lárcom, yo quisiera que la construcción fuera como una armadura de bambú, delicada y también…
Lárcom:      Y también que sea de un solo color, como un arco iris al que se le ha quitado lo superfluo… con unidad y no con dispersión. Una construcción que vea al pasado.
Miralina:    Eso es. ¿Cómo lo sabe?
Lárcom:      ¡Sensibilidad!
[Amner se asoma a la ventana.]
Imov:         Es un vanidoso.
Miralina:    Es diferente a todos. Me gusta que sepan comprender mí pensamiento.
Lárcom:      El pensamiento es una energía que produce ondas, con sólo saber manejar esas ondas, podemos leer el pensamiento. Hay quienes tienen dentro sólo una esfera vacía… a ellos es imposible comprenderlos. Pero… [A Miralina.] lo que de usted emana son verdaderas radiaciones… es imposible sus­traerse a su poder.
Imov:         [A Lárcom.] ¡Déjenos en paz con su sabiduría y sus ondas!
Miralina:    Lo que pasa es que le tienes envidia.
Lárcom:      Usted en cambio es de los que tienen una esfera vacía.
Imov:         ¡Una esfera vacía… la tendrá usted… tejolote!
Lárcom:      ¡No voy a tolerarle que me diga eso impunemente!
Miralina:    Imov… ¿qué te pasa? Tú no sabías enojarte . . .
Imov:         Si no estoy enojado… Mira, me río… ja, ja, ja… me río.
Miralina:    Eres un niño que no quiere comprender . . .
Imov:         Quédate con quien te comprende, entonces. ¡Me voy!
Miralina:    ¡No! No te vayas... todo lo he hecho para demostrarte que sí podía hacerte enojar.
Imov:         ¡Ya vuelves otra vez con tus mentiras!
Miralina:    Te juro que es verdad… No te vayas, mi niño.
Imov:         No soy ningún niño… ahí te dejo con el sabelotodo.
Miralina:    [Se hinca.] Perdóname Imov… no te vayas. [Lo toma de las piernas. Imov se dirige al árbol sin que ella se suelte.] ¡No me dejes!
Imov:         ¡Qué va a decir tu elegante amigo! Déjame ir en paz. [Toma una cuerda, amarra el tronco del árbol.]
Miralina:    [Lo suelta.] Imov… ¿qué quieres que haga para que no te vayas? Te contaré cuentos…, te compraré juguetes y si quieres, no volveré a peinarte ni a pedirte que te cambies de camisa… te dejaré jugar con lodo… pero quédate.
[Imov sale por la puerta disimulada en la barda arras­trando el árbol. Miralina se ha olvidado totalmente de Lárcom. Amner se retira de la ventana.]
Miralina:    ¿Quién usará tu silla?
Voz de Imov: ¡Tú!
[Desaparece tras la puerta la última rama del árbol. Miralina, con tristeza, va hacia la silla, se sienta en ella. Se escucha un ligero ruido de claxons, frenos, pasos, que desaparecen al cerrarse la puerta. Miralina saca de entre sus ropas los crótalos y empieza a tocarlos. Lárcom no sabe qué hacer. La contempla cada vez con mayor impaciencia, pero no se atreve a hablarle.]
OSCURO o TELÓN

CUARTA ESCENA
[Música. Silencio.]
[Voz de Miralina. En completa oscuridad]
Realidad que aplasta. Aislamiento.
Lengua devorada.
Mutilación!
Todo perdido: ilusión, belleza, fantasía, movimiento, comunicación.
¡Sólo el recuerdo, como lastre
o cómo puerta abierta a la espalda me pertenecía!
¿Cómo reunir mis trozos?
¿Cómo encontrarme?
[La escena se ilumina. Es de día. La construcción tiene una apariencia diferente. La ventana ha sido retirada y en su lugar hay una rejilla de bambú. Ya no hay material de construcción apilado. Lárcom trabaja en la construcción. Está sin chaqueta, pero conserva su aspecto elegante. Miralina, sentada en la silla de ruedas, con la cabellera negra sobre las piernas, está colocada donde antes estuvo el árbol. Amner está asomado a la ventana.]
Miralina:    [Desganada.] ¿Es necesaria una brújula pata construir correctamente?
Lárcom:      Es indispensable.
Miralina:    ¿Por qué?
Lárcom:      ¿Quieres que te enseñe, Mí? Ven acá.
[Amner se retira de la ventana.]
Miralina:    [Sin moverse.] No, basta que tú lo asegures para creerlo.
Lárcom:      No muestras interés en mi trabajo.
Miralina:    No agradeces la confianza que te tengo.
Lárcom:      En cambio yo me preocupo por tus actividades… ¿A qué te dedicarás cuando esté terminada la construcción?
Miralina:    No lo sé.
Lárcom:      ¿No estaba planeado ningún cuarto de trabajo para ti?
Miralina:    No, pero puedes hacer uno si eso te hace feliz.
Lárcom:      ¿Quieres asomarte a la calle para ver si está atorado el cordón eléctrico?
Miralina:    [Aterrada.] ¿Asomarme?
Lárcom:      Sí. ¿O no quieres ayudarme?
Miralina:    Pero… bien, lo haré por ti. [Lárcom disimula la satis­facción que le produce la decisión tomada por Miralina.]
[Miralina se dirige a la derecha haciendo girar las ruedas de su silla. Lárcom no interrumpe su trabajo. Miralina sale por la puerta de la barda. Se escucha un ruido ensordecedor de claxons, pasos, voces, como en la primera escena, y después un grito agudo de Mi­ralina.]
Lárcom:      ¿Qué pasa?
[Entra Miralina en su silla con el rostro demudado. Amner se asoma a la ventana.]
Miralina:    LárcomLárcom… todos quisieron abalanzarse contra mí.
Lárcom:      ¿Quiénes?
Miralina:    Todos… gentes y construcciones. [Lárcom no le hace caso y sigue trabajando.] ¿Me oyes? Quisieron destruirme.
Lárcom:      Figuraciones tuyas.
Miralina:    [Saca de su vestido los crótalos y comienza a tocar.] Dormir… Soñar… sueño que estoy dormida, sueño que estoy soñando… Veo la casa de mi infancia; el sueño reproduce cada detalle, la coloración de la hierba… [Sale de escena Lárcom] el jardín es azul pálido, los árboles, la tierra, todo es azul… ¡Tantos objetos queridos que extravié en este jardín cuando era niña… ! ¡Si lograra encontrarlos...! Lucho contra fuerzas desconocidas… mis caracolitos, los he hallado… son color de rosa. Voy patinando por un suelo resbaloso… [Como si luchara contra fuerzas invisibles.] ¡Ay!… Debo enfrentar­me… Me duele… me duele… ¡No! ¡Ya está! He recuperado todos los objetos que perdí en mi infancia. ¿Cómo llevarlos a la realidad, si estoy soñando? Quizá si los abrazó fuerte­mente, al despertar los lleve conmigo. Los envolveré en este paño rojo y… ahora… ¡Milagro! Sueño que he despertado y he podido trasladar mis amados objetos a la realidad, pero han crecido, ya no están en la cajita en que los coloqué, sino en un gran frasco amarillo de cristal opaco, grande… grande . . .
[Lárcom regresa con una cámara fotográfica y unos focos, pero no puede sostener ambas cosas, deja los focos, se dirige a Miralina y le quita los crótalos.]
Lárcom:      ¡Mí, basta de tonterías, ven a ayudarme!
Miralina:    [Se da cuenta de que le ha quitado los crótalos.] Mis alfeles… Lárcom, no me hagas eso . . .
Lárcom:      Después de todo, antes de que yo viniera la cons­truc­ción era sólo tuya. Ayúdame entonces.
Miralina:    ¡Mis alfeles!
Lárcom:      Después de que me ayudes te los devolveré.
Miralina:    Mis alfeles… ¿a qué quieres que te ayude?
Lárcom:      A sostener los focos… voy a sacar una fotografía . . .
Miralina:    ¿Sabes qué me gustaría?
Lárcom:      Que esta construcción se pareciera a la casa de tu infancia.
Miralina:    Sí…
Lárcom:      ¿Y la casa que soñaste era realmente igual a ella?
Miralina:    No, era totalmente distinta.
Lárcom:      Ya lo ves… nada hay mejor para recordar, que una fotografía. ¡Hubieras tomado una a aquella casa, hoy podrías reconstruirla!
[Amner se retira de la ventana. Lárcom se dispone a tomar la fotografía. Prende los focos que Miralina sostiene.]
Lárcom:      ¿Será suficiente luz?
Miralina:    [Excitada de pronto.] No, no será suficiente luz, nunca hay suficiente luz. No hay luz. [Grita.] Estamos a oscuras. No existe la luz.
Lárcom:      ¡No muevas los focos! [Saca la fotografía.] Listo.
[Lárcom deja la cámara fotográfica, pero no desconecta los focos.]
Miralina:    Toma… esto calienta.
Lárcom:      ¿Sabes que ya se acabó el material? Hay que conseguir más. Debo ir…
Miralina:    Ahora devuélveme mis alfeles.
Lárcom:      Dame los focos. [Le recoge los focos a Miralina, los apaga.]
Miralina:    ¡Dame mis alfeles!
Lárcom:      Voy a conseguir más material… no te impacientes si tardo.
[Sale Lárcom llevándose los focos. Amner se asoma a la ventana.]
Miralina:    [Siguiéndolo en la silla de ruedas.] ¡Lárcom vuelve! No te atrevas a irte con mis alfeles. ¡Lárcom! [Se dirige, en su silla, hacia donde está la cruz. Ahí permanece con la vista fija en el lugar donde murió Herlo. Se toca su cara, contempla la cabellera.] ¡Herlo!
Amner:       [Muy suavemente.] Miralina . . .
Miralina:    ¿Herlo… eres tú? ¿Dónde estás… ?
Lárcom:      [Entra con una carretilla llena de bambúes y otros mate­riales de construcción. Muy contento.] ¡Mí! Aquí hay material, podemos seguir la construcción.
Miralina:    [Furiosa, se dirige a Lárcom.] ¡Mis alfeles!
Lárcom:      [Toma un bambú y se lo ofrece.] Aquí está una parte de tus alfeles. [Le da otro objeto] Aquí está otra parte y. . .
Miralina:    [Tirando lo que él le ha ofrecido.] ¡Mis alfeles!
Lárcom:      Los cambié por el material. De alguna manera tenía que conseguirlo. ¡Mí! Debes entender.
Miralina:    ¡No entiendo nada! [Se oyen claxons, pasos, voces. La puerta de la barda ha permanecido abierta.] ¡Nada! No entiendo qué haces aquí. ¡No entiendo! [Grita, pero el ruido de la calle impide escucharla, sólo pueden distinguirse sílabas aisladas de lo que ella dice.] ¡Có… po… ven… feles… no… pren… co… sí… paz… [La actriz podrá poner sílabas dispersas de lo que ella considere más ofensivo]… gate! [Toma la cha­queta de Lárcom y se la arroja encima.]
Lárcom:      [Ha ido encendiéndose de ira al tiempo que ella habla. Silencio. Se calma y dice con voz queda:] ¡Te arrepentirás, Mí! [Asombrada, Miralina, del silencio que se ha hecho de pronto, llora.] ¡Adiós, Mí!
Miralina:    [Llorando.] ¡Mis alfeles! [Vuelve a escucharse el ruido de la calle. Sale Lárcom dejando abierta la puerta.] ¡Cierra la puerta Lárcom! ¡Cierra! Lárcom. Es demasiado… yo no po­dré cerrar. ¡Lár… com! Te perdono, pero cierra esa puerta. ¡Cierra! [Llora desesperada.] Me ahogo, Lárcom… me ahogo… si no cierras… [El ruido impide escucharle]… go… me… orir… ¡ com! [El ruido cesa al entrar Amner que cierra la puerta. Miralina no lo ve entrar. En la ropa de Amner hay una mezcla de la de Herlo, Belio, Imov y Lárcom.] Gracias, Lárcom.
Amner:       Me llamo Amner, Miralina.
Miralina:    [Sorprendida.] ¡Miralina!… Hace mucho que nadie me llama así… [Confusa.] Herlo ¿eres tú?
Amner:       Mi nombre es Amner.
Miralina:    No te entiendo. Habla más claro. ¿Cómo es que has vuelto? No me digas… ya sé, has recuperado los alfeles y me los traes nuevamente… Herlo, estás aquí, déjame verte, está muy oscuro, no te distingo. Ven Herlo… estoy en una enorme tina y si no me sacas voy a ahogarme… ¿No has terminado el cuarto de los niños? Tampoco has hecho hojas de cera para adornar nuestras cortinas… ¿dónde está nuestro jardín con flores de papel?
Amner:       ¡Miralina!
Miralina:    [Reacciona y se sorprende ante la presencia de Amner.] ¿Quién es usted?
Amner:       Amner.
Miralina:    No me dice nada el nombre.
Amner:       Vivo tras esa ventana. [Señala la ventana por donde siem­pre se ha asomado.]
Miralina:    Ah, viene usted a trabajar en la construcción.
Amner:       No, estoy aquí para poseerte. [Se acerca a ella. Miralina retrocede ­siempre en su silla de ruedas—, la persigue en círculos. Amner se detiene, ella también, quedan junto a la cámara fotográfica.]
Miralina:    [Sin denotar miedo.] Usted debe estar loco.
Amner:       Miralina, te amo y he venido a hacerte mía.
Miralina:    No entiendo.
Amner:       ¿Qué es lo que no entiendes?
Miralina:    El significado de sus palabras.
Amner:       Todas las noches te he visto desnuda pasearte por el jar­dín.
Miralina:    ¿Qué quiere decir “desnuda”?
Amner:       No quieres comprenderme… eso es todo.
Miralina:    ¿Qué quiere decir “comprenderme”?
Amner:       No me rehuyas, Miralina.
Miralina:    ¡Miralina! Eso si lo entiendo. ¿Soy yo, verdad?
Amner:       Pero es que… ¿de verdad no comprendes lo que digo?
Miralina:    Me desagrada cómo mueve los labios para no decir nada.
Amner:       Serás mía aunque no quieras. [Se acerca a ella de nuevo con la intención de besarla.]
Miralina:    [La pone los dedos en los ojos.] Si se acerca más, lo dejo sin ojos.
Amner:       ¡Te deseo!
Miralina:    Herlo.
Amner: [Retrocede furioso.] ¡Me llamo Amner!
Miralina:    ¡No entiendo!
Amner: [Cambiando de táctica.] Iremos a Estambul.
Miralina:    Sí… y traeremos otros alfeles.
Amner:       Ahí los hombres no matan a los osos.
Miralina:    Bailemos.
Amner:       Iremos juntos a buscar una montaña azul.
Miralina:    Aquella vez erré el camino ¿recuerdas?
Amner:       Me gusta tu cabello.
Miralina:    Es para ti.
Amner:       Te daré muchos libros para que entierres en ellos toda clase de flores.
Miralina:    ¡No quiero espejos!
Amner:       Te enseñaré a usar la brújula.
Miralina:    Si tú lo quieres . . .
Amner:       Cada día naceré para ti.
Miralina:    ¿Cómo me conoces tan bien?
Amner:       Quiero que seas mía.
Miralina:    Pero si lo soy. ¿Cómo te llamas?
Amner: Amner.
Miralina:    ¡Me gustas!
Amner: ¡Miralina!
Miralina:    ¡Miralina! Hace mucho que nadie me llama así, Amner. Te sacaré una fotografía.
Amner:      No. No quiero también convertirme en recuerdo.
Miralina:    [Toma la cámara y la acaricia.] Lárcom.
Amner:       Me llamo Amner.
Miralina:    ¿Me ayudarás a construir?
Amner:       No.
Miralina:    Entonces, ¿qué haces aquí?
Amner:       Tú construirás, tú sola. Yo sólo he venido a . . .
Miralina:    Sí, ya sé, no lo repitas más… ya lo soy.
Amner:       No lo eres.
Miralina:    Claro que sí.
Amner:       No quiero que te sientas ligada a ningún pasado.
Miralina:    He roto con mi pasado, ahora soy tuya.
Amner: ¡Mentira!
Miralina:    Ven… [Se acerca Amner y Miralina lo besa.] ¿No sientes mi amor?
Amner: No.
Miralina:    [Vuelve a besarlo.] ¿Y ahora?
Amner:       Tampoco.
Miralina:    Es que no quieres sentirlo.
Amner:       Es que no quieres darlo.
Miralina:    ¡Te amo!
Amner:       Dices que me amas, pero no me lo demuestras.
Miralina:    ¿Qué quieres que haga para demostrártelo?.
Amner:       Trabaja en tu construcción.
Miralina:    No puedo… tú sabes que no puedo moverme ¿cómo voy a construir desde esta silla?
Amner:       Todo es mentira… no me quieres… eso es todo.
Miralina:    Te quiero ¡créeme!
Amner:       Olvida tu pasado.
Miralina:    Lohe olvidado.
Amner: [Le quita la cámara y la tira hacia la calle. Se escucha un estruendo de claxons y voces.] Trae acá… esto no lo necesitas.
Miralina:    No… ahí tengo el retrato de la casa de mi infancia.
Amner: Falso… [Le quita la cabellera.] Y esto tampoco te hace falta. [La tira hacia la calle. Se oye el ruido de unos f renos y el choque de automóviles.] También esta barda debe desaparecer. [Amner tira la barda que separa la construcción de la calle. El estrépito aumenta considerablemente.]
Miralina:    Amner [Gritando.] ¿Qué haces?
Amner: Te devuelvo lo que habías perdido, para que puedas ser mía. [La toma de las manos, la levanta de la silla y la suelta. Empuja la silla hacia la calle. Ella cae.] ¡Fuera! [La silla sale de escena y el estrépito crece.]
Miralina:    ¡Lárcom! ¡Imov! ¡Belio!
Amner: [Va hacia la cruz, la arranca.] Aquí no es cementerio. [Tira la rama hacia la calle. Se escucha el ruido aún más fuerte y durante más tiempo.]
Miralina:    [Aterrada.] Eso no… ¡Herlo! Eso noooo. ¡Eso no! [Se arrastra hacia el lugar donde murió Herlo.]
Amner: Yo seré tu memoria. Sólo yo he contemplado tu vida… yo soy tu pasado.
Miralina:    [De pronto ha comprendido qué es lo que debe hacer.] ¿Mi pasado?… ¡Mi pasado! Tú eres mi pasado… ¡Entonces, sólo sobre ti puedo construir ...! Tú mismo te has conde­nado… [Se levanta y se dirige hacia Amner.] Perdóname. [Lo mira fijamente. Amner se desploma. Miralina comienza a enterrarlo bajo los materiales de construcción.]
Amner:       [Sin poder moverse. Su voz se escucha cada vez más apagada.] ¿Por qué… si te estoy devolviendo lo que perdiste… lo que querías traer de tu sueño a la realidad…? ¿Por qué? ¡Estoy vivo!… No puedes construir sobre mí… ¿Por qué?
[Miralina, impasible, sigue construyendo sobre el cuer­po vivo de Amner.]
Miralina:    Ahora encontraré mi montaña, aunque no sea azul.
[Se escuchan pasos en la calle, ruido de automóviles, pero ahora en su justa proporción, sin estrépito, ni exageración. Miralina cobra nueva vida.]
1ª Voz: ¡Imagínate tú que no se acordaba… ! ¿No es imper­donable?
[El ruido de los pasos se pierde en la lejanía.]

TELÓN
México, 1962


Nota informativa sobre Miralina:
Miralina fue escrita por Marcela del Río
en la Ciudad de México, en 1962.

  1. Publicada en:
  2. 1.   Las Carátulas [México] 4,  (Nov., 1962): pp. 1-24  (Separata entre  pp. 16-17).
  3. 2.   Miralina, El hijo de trapo, Claudia y Arnot, [Teatro]  con “Comentarios sobre Miralina” por Juan José Arreola, Juan Rulfo, Fernando Sánchez Mayans, Rafael Barajas, Alejandro Jodorowsky, Miguel Sabido, Wilberto Cantón, Lya Engel, María Luisa Mendoza y Carlos Solórzano.  México:  Textos del Teatro de la Universidad de México,  1964,  (Núm. 16 de la Colección), 94 pp.
  4. 3.   Opus nueve.  Teatro de Marcela del Río. Contiene: Sol Nostrum, La tercera cara de la luna, Claudia y Arnot, El hijo de trapo, Miralina, En las manos de uno, Entre hermanos, La telaraña y Fraude a la tierra;  un“Prólogo” y el “Manifiesto por un Teatro Relativista” de la autora;  otro “Prólogo a Miralina”  por Fernando Arrabal y “Comentarios  sobre Miralina aparecidos en la 1ª edición de Miralina publicada por la UNAM.  México:  UNAM,  1978, 374  pp.

Estreno mundial: En la ciudad de México, el martes 5 de octubre de 1965, en el Teatro del Granero, bajo la dirección de Fernando Wagner. Escenografía de David Antón. Intérpretes (por orden de aparición): Rosa María Caloca, Xavier Marc, Sergio Jiménez, Enrique Becker, Roberto Dumont y Juan Felipe Preciado.]
Varios montajes posteriores:
1965                     Teatro del Granero. México, D.F. (Más de cincuenta representaciones).
1966                     Teatro Hidalgo. México, D.F.
1966                     I  Concurso Regional de Teatro. Premio Regional. Toluca,  México.
1967                     Auditorio Rafael Ramírez. México, D.F..
1967                     II Concurso Regional de Teatro. Premio Regional. Campeche, México.
1968                     Teatro Principal. Puebla, México.
1972                      Auditorio Manuel Altamirano. Temporada en México, D.F.
etc.


CRíTICA
“Comentarios sobre Miralina”  en la 1ª edición. Textos del Teatro de la Universidad de México,  1964,  (Núm. 16 de la Colección), pp. 8-11.

Escritores:

Mi, Mira, Miralí, Miralina. El personaje atrae poderosamente la atención del espectador, y ahora del lector que sea capaz de ir más allá de las palabras y de los juegos escénicos. Su bello nombre, des-articulado por sucesivos interlocutores, nos da la idea del ser parcial­mente contemplado, deficientemente comprendido. Sólo Amner, que la ha observado sigilosamente a lo largo de la pieza, puede reunir otra vez (¿por primera vez?) las sílabas dispersas de Miralina, la fórmula secreta de su alma. Miralina quiere construir, cons­truirse a sí misma mediante la percepción ajena, y nos hace una admirable descripción del “ser siendo”, del ser arrojado a la nada de un solar vacío, en medio del caos citadino. En ese precario pa­raíso, sola y rodeada de soledad por todas partes, Miralina se edifica, se recobra y pone la primera piedra de su vida futura, sobre el cuerpo del hombre que le ha revelado la cifra entera de su ser, las letras cabales que dicen para siempre: Miralina.
JUAN JOSE ARREOLA

Miralina, la obra de Marcela del Río presentada recientemente en el Teatro del Granero por Fernando Wagner, rompe de un tajo la naturaleza de las acciones cotidianas, previsibles, por los seres humanos.
Con Miralina, la autora somete los conflictos de la conciencia a intensos actos de contrición; actos encajonados por los prejuicios y sujetos a las trabas propias o ajenas que había que condenar al olvido o al disimulo, tal y como el hombre acostumbra guardar para sí mismo la fugaz palpitación de sus escombrados anhelos.
La adolescencia, esa edad cegadora e instintiva, traviesa como la infancia, tiene, a pesar de todo, las diferentes edades de la vida. Y Marcela del Río se entretiene en buscar esas volubles y cambiantes actitudes.
Obra desnuda, Miralina aparece solamente cubierta por la frágil envoltura de las palabras sonoras.
JUAN RULFO

(Fragmento de un comentario aparecido en el
Diorama de la Cultura de Excélsior:)
Marcela del Río ha estrenado una hermosa, difícil e inquietante pieza teatral que con el titulo de Miralina nos coloca ante un sus­tento de poesía en un escenario.
La fábula es ciertamente cruel, amarga; porque es amargo y cruel el impulso de soñar: la negación de lo presente y de lo irre­mediable.
FERNANDO SANCHEZ MAYANS

Psicoanalista:
[Fragmento de una carta dirigida a la autora]
“Tiene usted una sensibilidad muy fina hacia los procesos del inconsciente, y mecanismos muy sutiles de la emoción humana son particularmente nítidos y claros para usted.
“En especial fui sensible al proceso de desmantelamiento de las ilusiones tempranas y a su fatal desgarro por las vicisitudes de la vida... En su pieza corroboré el viejo aforismo de que tras cada idealización se esconde un persecutor ineludible. La persecución, evidentemente, se realiza en contra y a través de los objetos infan­tiles y fantaseados, y por eso hiere tan hondo y causa tanto dolor. Todo eso y muchas cosas más, están en su obra. . .“
DR. RAFAEL BARAJAS
Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de París, de la Sociedad Psicoanalítica Internacional. Di-plomado de la Sorbona.
Fundador y Titular de
la Asociación Psicoanalítica Mexicana.

Directores de escena:

“Miralina es una obra realista, mucho más que otras, en el sen­tido de que no solamente muestra la conciencia de un personaje sino también, y principalmente, sus luchas inconscientes, en donde el sueño y los recuerdos tienen tanta validez como los actos presen­tes. En esta obra desfilan los fantasmas que pueblan el espíritu de una mujer, sus primeras fijaciones sexuales, sus actos sádicos y masoquistas, su búsqueda de liberación, y por sobre todas las cosas, el enorme deseo de encontrar un vínculo real con el mundo. Mira­lina, como toda mujer sensible, se topa con una serie de personajes, tan enajenados como ella... Personajes que creen, cada uno, detener en su espíritu la verdad del universo, que no quieren comprender que cada ser humano es una respuesta distinta pero igualmente válida al enigma del universo... La liberación de Miralina se rea­liza cuando asesina a un último personaje, que encarna sus recuer­dos, construyendo sobre su cuerpo, atravesándolo cruelmente, un muro hecho de todos los escombros del pasado…“
ALEXANDRO JODOROWSKY
Excélsior

“Miralina es un auto sacramental bien estructurado y buen sín­toma de una revalorización del género que cayera en desuso du­rante dos siglos completos. . .“
MIGUEL SABIDO
El Universal

Críticos de teatro:

“En su pieza en un acto Miralina, Marcela del Río muestra al mismo tiempo que conocimientos dramáticos y afilada pluma, un temperamento poético muy delicado y una sabiduría psicológica que deben envidiarle muchos otros autores.”
WILBERTO CANTON
Cine Mundial

“Miralina es un interesante estudio sicológico de la vida de una mujer dicho en lenguaje poético, donde cada frase y cada actitud tienen un hondo significado.”
LYA ENGEL
Revista Impacto

“Marcela del Río, con un sorpresivo conocimiento de la simbo­logia sicoanalítica, explica lúcida su anécdota y lleva al espectador hasta el final de una neurosis o tal vez esquizofrenia, que termina con el enfrentamiento de la protagonista a su yo verdadero.”
MARIA LUISA MENDOZA
El  Día

“Miralina se motiva en hechos del acontecer subjetivo y pone en práctica algunos procedimientos derivados del Surrealismo… las escenas resolutivas contienen una justa emoción lírica cuando se so­breponen las imágenes antiguas y presentes, en un clima de inti­midad muy denso, que confunde los perfiles de los personajes en una atmósfera totalmente subjetiva.”
CARLOS SOLORZANO
Revista Siempre!