CLAUDIA Y ARNOT
Farsa tr‡gica en dos actos
(Versi—n revisada)

Marcela del R’o

Estrenada en el Teatro de la Universidad de la Ciudad de MŽxico, el 17 de septiembre de 1971, por el grupo de Teatro de la Facultad de Filosof’a.

 

Escenograf’a y vestuario: Guillarmo B‡rclay.

Mœsica y efectos: Mariano BallestŽ.

Relaciones pœblicas: Pilar Col’n

Ayudante de Direcci—n: Mario D’az Mercado

                                                      Direcci—n: Lya Engel.

REPARTO:

(Por orden de aparici—n)

Primer meg‡fono[1].................. Mario D’as Mercado

Segundo meg‡fono................ Juan Ignacio Orozco

Millonario................................. Francisco Fong

Arnot  (12 a–os)....................... Tonino Herrero del Rello

Gato........................................... A’da Zerecero Pierce

Claudia (11 a–os)..................... Patty

Mujer (enamorada)................. Margarita Castillo

Hombre (enamorado)............ Juan Stack

Socio.......................................... Vicentre Olalde

Coro: Masculino y 

           Femenino

 

 

 

{

 
                                               Carlos TŽllez

JosŽ Luis Zerecero Pierce

Francisco Quintana

HŽctor A. Bethier

Emilio Montes

Juan Sanchez.

Ana Ma. Rodr’guez Grifaldo

Martha Trecuelo

 

Primer general.  [Lo representa una mujer]:      Ana Ma. Rodr’guez Grifaldo

Segundo general.  [Lo representa una mujer]:   Martha Trecuelo

 

Una ciudad imaginaria del mundo occidental a principios de la primera mitad del siglo XXI.

 

PRIMER ACTO

 

Con la escena aœn a oscuras, se escucha la mœsica boliviana: ÒQuiaquenitaÓ. Un spot ilumina la figura de un hombre en el suelo que mima como si fuera una semilla de ‡rbol en germinaci—n, con los brazos va mimando la aparici—n de la planta que empieza a crecer hasta convertirse en ‡rbol. La luz se extiende hasta dejar ver la silueta de un ‡rbol frondoso, a travŽs de cuyas ramas se filtra produciendo sombras en el suelo. La figura humana se introduce en el hueco de ‡rbol real y desaparece, al tiempo que cambia la mœsica. Al intensificarse un poco m‡s la luz, deja ver al fondo las figuras quietas del coro de hombres y mujeres que estar‡ adosado a las paredes de la escenograf’a frente al ciclorama. Se inicia entonces la Danza del Venado. Aparece el danzante que mima al venado y que empieza a ser perseguido por los cazadores, hasta el final de la mœsica, en que los cazadores dan muerte al venado y lo arrastran hasta fuera de escena.

Se ilumina entonces totalmente la plaza cuyo centro es el ‡rbol. A la derecha un gran edificio con un letrero muy visible que dice: ÒBancoÓ. En segundo tŽrmino, del mismo lado, una estructura en forma de cohete interplanetario que es donde se verifica la Magna Exposici—n. Afuera de la estructura hay una Gran Boca humana por donde entrar‡n a escena los meg‡fonos. Unos pelda–os hacia el fondo conducen al templo que sobre  su fachada ostenta una cruz en gas ne—n.

A la izquierda, hay otro edificio con un letrero que dice: ÒF‡brica de Productos de BellezaÓ. Al fondo, como un oleaje, se ven las agujas de los edificios de la ciudad.

Cerca  del ‡rbol, una banca peque–a, blanca, de he­rrer’a antigua. En primer tŽrmino, una franja de asfalto limita la plaza.

La escena da la impresi—n de estar vac’a a pesar del coro de hombres y mujeres que continœa adosado a las paredes o al ciclorama. Se escucha la mœsica de ÓPedro y el LoboÓ de Prokoffief y entra a la escena un gato con ojos fosforescentes (que ser‡ representado por una mujer. El gato desde su entrada no volver‡ a salir de escena, y reaccionar‡ con movimientos o maullidos a todo lo que escucha y ve).

El coro comienza a moverse como una masa oleaginosa y va acelerando el ritmo de sus movimientos hasta convertirlos en una danza grotesca, como si la mœsica fuera el instrumento del que se sirviera un capataz para obligar al coro a contorsionarse y a emitir sonidos ininteligibles, que suenan como si fuera el lenguaje de animales de distintas especies. De pronto, se hace nuevamente el silencio y los coreutas quedan por un momento est‡ticos, en las posturas que ten’an al cesar la mœsica. DespuŽs, comienzan todos a desplazarse de un lado para otro, con esa naturalidad artificial que adoptan los seres humanos cuando caminan por la calle; se saludan unos a otros con cortes’a fingida, para seguir su recorrido que ser‡ en c’rculos no concŽn­tricos. Todos los integrantes del coro llevan en la espalda una gran llave para dar cuerda, y sus movimientos ser‡n mec‡nicos.

            Se abre la Gran Boca del fondo de a escena y emerge por ella la Meg‡fona. El gato asustado corre hacia el ‡rbol y se sube y esp’a  desde sus ramas lo que ocurre abajo.

Meg‡fona:       Como todos los d’as, a esta misma hora, abrimos las puertas de nuestra Magna Exposici—n, en la que ustedes, hom­bres del siglo XXI, podr‡n penetrar en los misterios del microcos­mos y del macrocosmos. [Suena una marcha militar.

Meg‡fono:       [Emergiendo tambiŽn de la Gran Boca]. Pasen. [La voz adopta la manera de hablar de un vendedor am­bulante.] Pasen a ver un electr—n reproducido a escala, un electr—n que es trillones de veces mayor que cl original. Pasen a verlo al telescopio. Observen c—mo gira. Entren en su horizonte, viajen dentro de Žl, giren con Žl, sigan su ritmo que es cl ritmo de la vida; viajen dentro de un electr—n artificial y conocer‡n, por propia experiencia, cl ritmo de todo el Universo.

Meg‡fona:       Pasen. Pasen a ver de cerca la Luna, una luna reproducida a escala, que es trillones de veces menor que la original. Pasen a verla al microscopio. Observen c—mo gira, entren en su horizonte, viajen sobre ella, giren con ella, sigan su ritmo que es el ritmo de la vida; viajen sobre una luna artificial y conocer‡n, por propia experiencia, el ritmo de todo el Universo.

[Suena la mœsica de ÒZorba e GriegoÓ. Entra a escena el Millonario. Su llave en la espalda es muy visible. Lleva de la mano a un ni–o que no tiene llave como los dem‡s. El Coro, en actitud servil, rodea al Millonario que se detiene frente al Banco. El ni–o sigue la marcha con un paso r’tmico, alej‡ndose del Millonario. Silencio. El Millonario bus­ca un pa–uelo en sus bolsillos, encuentra un billete, hace un gesto de desagrado y lo tira, sigue buscando y saca otro billete, de nuevo lo desecha con molestia. Sigue as’, sacando billetes de sus bolsillos y tir‡ndolos al suelo. El Coro lo imita en todos sus movimientos, pero sin sacar billetes de los bolsillos. Se acelera la bœs­queda.]

Millonario:      [Con enfado.] ÀNo encontrarŽ nunca un pa–uelo para sonarme? [Se dispone a sonarse con un billete cuando todos los que lo rodean le ofrecen un pa–uelo. El Millonario toma uno de los pa–uelos sin ver siquiera a aquel que se lo ha ofrecido. Todos los que han sido rechazados bajan la mano defraudados, al ver que sus pa–uelos no fueron escogidos.] ÁPuff... es dema­siado duro!

[Cesa la mœsica. Vuelven a animarse los rostros de aquellos que antes quedaron defraudados y r‡pidamente, vuelven a exten­der su mano ofreciendo cada quien su pa–uelo. El Mi­llonario toma uno de los pa–uelos y se suena con es­trŽpito.]

1er. Coreuta: ÁQuŽ elegancia!

2¼. Coreuta: ÁEs un artista para sonarse!

3er. Coreuta: ÁQuŽ forma de tomar el pa–uelo!

Coro:  Lo admiramos profundamente.

Millonario:      [Tira el pa–uelo con desdŽn.] Gracias ...

[El Coro se lanza en tumulto sobre el pa–uelo.]

Un coreuta (posteriormente el Socio): [DesprendiŽndose del grupo, victorioso, eleva el pa­–uelo lo m‡s que puede para que no se lo arrebaten. Los otros coreutas estiran los brazos, pero nadie alcanza el pa–uelo.] ÁLo guardarŽ como una reliquia! [Al Coro.] ÁAlŽjense de m’! ÁYo he sido el afortunado! Exijo respeto. [Todos se retiran.]

Millonario:      [Al Coreuta que se adue–— del pa–uelo.] ÁEres listo! Te harŽ mi socio. [El Coreuta se postra ante el millonario. ƒste coloca la punta de su bast—n sobre el hombro del Coreuta, como si lo Òarmara CaballeroÓ.] ÀJuras ser un socio fiel, hon­rado y generoso?

Socio: Lo juro.

Millonario:      ÀJuras defender nuestra Empresa con tu vida si ella te lo pide?

Socio: Lo juro.

[Suena un tambor y un toque de clar’n.]

Millonario:      ÁEl pa–uelo!

[El Socio se lo entrega. El Millonario lo prende en la ropa del Socio, quien nunca lo desprender‡ de ella.]

Millonario:      Ante la Ley de Dios y la de los Hombres, te declaro desde ahora mi Socio. [Silencio solemne.] Lev‡ntate y s’gueme.

[Salen por la puerta que conduce al Banco. En cuanto el Millonario y su Socio desaparecen, todos los coreu-tas se arrojan al suelo para recoger los billetes que esparci— el Millonario. Cada quien dice su frase al alzar los billetes.]

1er. Coreuta: ÁOrdeno que se hagan a un lado, voy a pasar yo! [Todos obedecen.]

         Coreuta: [Para s’ mismo.] Mi nueva posici—n reclama unos guantes.

[Un Coreuta le ofrece unos guantes, con servilismo.]

3er.      Coreuta: ÀAlguien pone en duda mi honor?

Coro:  ÁNo! Nadie pone en duda tu honor.

4o.       Coreuta: [Apretando el billete recogido.] ÁLucilda, ahora ser‡s m’a! [Sale apre­suradamente.]

5¼.        Coreuta: [A un Coreuta.] Le concederŽ una entrevista para su peri—dico, aunque mi fama no necesitar‡ de sus adulaciones.

6¼.        Coreuta: [Con rabia.] ÁBœrlense ahora de m’ y los patearŽl

.      Coreuta: [Que no ha logrado recoger ningœn billete.] ÁDejen algo para m’...! ÁNo es justo!

Coro:  Tranquil’zate... te queda como consuelo tu dignidad.

Meg‡fona:  [Emergiendo de la Gran Boca] Pasen, pasen a esta Magna Exposici—n, en la que us­tedes, hombres y mujeres del siglo XXI, afortunados hombres y mujeres del siglo XXI podr‡n ver el Universo en su justa proporci—n.

[La Meg‡fona se dirige hacia la Magna Exposici—n seguida por el coro. El ni–o intenta seguir al coro, pero se de­tiene al advertir, por primera vez, al gato que est‡ entre las ramas del ‡rbol.]

Arnot: ÁGato... gatito! Acomp‡–ame, vamos a ver la exposici—n. ÀNo oyes que nos han invitado? ÀA ti no te invitaron? Les dirŽ que vas conmigo ... ÀNo quieres? . . [El gato responde a las preguntas con maullidos]. Ya sŽ, te vestirŽ de hombre y dirŽ que eres mi pap‡... A Žl no lo han visto entrar al Dan­co... harŽ que te confundan con Žl... ÀNo quieres?... Bien, al menos baja a jugar conmigo, te prometo no jalarte de la cola, ni cortarte los bigotes... bigotes ... tambiŽn mi pap‡ tiene bigotes ... me gustar’a. cort‡rselos . ... . Ni siquiera te remedarŽ... te tomarŽ por ni–o ... ÀTampoco? ÀQuiŽn te entiende? ÀQuŽ deseas, entonces? ... ÀSeguir siendo un simple gato ... con bigotes? Algœn d’a yo tambiŽn tendrŽ bigotes y ser‡n m‡s gran­des que los tuyos, y hasta Ôm‡s grandes que los de mi pap‡ ... entonces, te arrepentir‡s de no haber querido ser mi amigo. [Jugando.] ÁTe alcanzarŽ! ÁTe alcanzarŽ!

[Aparece en escena una ni–a, tambiŽn sin llave en la espalda, viene del lado de la F‡brica. Se detiene para escuchar lo que dice Žl ni–o.]

Claudia:  [T’midamente, al ni–o.] ÁBss!

Arnot:             ÀEh?

Claudia:           ÀCon quiŽn hablas?

Arnot:             Con el gato ... no quiere venir a jugar.

Claudia:           ÁAh!

Arnot.             ÀTœ si quieres jugar?

Claudia:           S’, me gusta jugar.

Arnot:             Juguemos pues.

Claudia:           Empieza tœ.

Arnot:             ÀA quŽ jugamos?

Claudia:           A mirar las estrellas.

Arnot:             De d’a no hay estrellas.

Claudia:           [Siente pena por haber cometido un error y se hace m‡s t’mida.] Di tœ, entonces.

Arnot:             No te enojes.

Claudia:           Si no estoy enojada.

Arnot:             ÀC—mo te llamas?

Meg‡fono:       [Emergiendo de la Gran Boca.] Pasen, pasen a ver la Magna Exposici—n en la que ustedes hombres del siglo XXI y afortunados por ello, podr‡n contemplar de cerca la Luna, las estrellas, los planetas... pasen a esta Magna Exposici—n.

Claudia:           ÀNo que no pod’amos ver las estrellas?

Arnot:             [Desconcertado.] Yo no sab’a.

Claudia:           [Se apena nuevamente por haber hecho que el ni–o se desconcertara.] No quise... Tal vez all‡ pue­dan verse, pero aqu’, donde estamos no... no podemos verlas, tœ tenias raz—n ... [Animada.] Y si no Ámira el cielo! No pue­de verse ni una sola estrella.

Arnot:             [Jugando, le se–ala el ‡rbol.] Mira ... ah’ est‡ la Luna ... vamos arriba... Te llevarŽ a que conozcas la Luna.

Claudia:           S’... s’...

[El ni–o se trepa al ‡rbol y desde arriba le da la mano a la ni–a para ayudarla a subir.]

Arnot:             ÁCuidado, no vayas a caerte...!

Claudia:           No, no me caerŽ. Tœ eres fuerte.

Arnot:             ÀTe gusta tu Luna? ÁLa comprŽ para ti, te la regalo!

Claudia:                       Gracias, nunca hab’a recibido un regalo tan bonito.

Arnot:                         ÀQuŽ te gusta m‡s?

Claudia:                       Lo tibio del aire.

Arnot:             ÁY dicen en la escuela que la Luna es fr’a! ÁC—mo se ve que no han estado aqu’!

Claudia:           [Con cierta tristeza.] ÀTœ ya hab’as estado antes?

Arnot:             No.

Claudia:  [Le da una gran alegr’a que Žl no haya estado antes ah’, que conozca el sitio al mismo tiempo que ella. Trata de disimu­lar su alegr’a.] ÀQuŽ hace aqu’ este gatito?

Arnot:                         ÀCre’as que en la Luna no hab’a gatos? ÀPor quŽ no hab’a de haber?

Claudia:                       ÀY por quŽ s’ hab’a de haber?

Arnot:             [Se desconcierta.] Bueno ... ahora ya sabemos que si hay. ÁQuiz‡ en todo el mundo hay gatos! ÁQuiz‡ en todos los planetas hay gatos! ÁQuiz‡ hay un gato para cada estrella! ÁQuiz‡ la luz del Sol no es sino el reflejo que dan los ojos de millones de gatos!

Claudia:                       ÁCu‡ntas cosas sabes!

Arnot:                         Prometo ense–‡rtelas.

Claudia:                       ÀDe veras?

Arnot:             S’.

Claudia:                       ÀC—mo te llamas?

[Se oye mœsica: el ÒAdagioÓ de Albinoni. Entra a escena una pareja de enamorados. Ni Žl, ni ella, llevan llave para dar cuerda. Van de la mano. Se miran con ternura mientras ejecutan una especie de danza.  Se sientan en la banca, sin soltarse de las manos y sin dejar de mirarse a los ojos se quedan quietos, s—lo mir‡ndose.]

Arnot:                         ÁMira!

Claudia:                       ÀQuŽ hacen?

Arnot:                         No sŽ. Se miran solamente.

Claudia:           Parece que estuvieran platicando, pero que no supiŽra­mos escucharlos.

Arnot:                        ÁNo hables, quiz‡ escuchemos sus pensamientos!

[Silencio.]

Claudia:           ÁYa los oigo!

Arnot:             Yo tambiŽn.

Claudia:           Dicen cosas bellas.

Arnot:             Yo no sabr’a repetirlas.

Claudia:           ÀY si las decimos como ellos?

Arnot:             S’.

[Los dos ni–os repiten la danza que hizo la pareja, y luego se miran fijamente a los ojos, tal como lo hacen los enamorados. Silencio. El hombre acaricia suavemente los cabellos de la mujer. El ni–o, sin ver a la pareja, repite exactamente el movimiento, acariciando con gran dulzura los cabellos de la ni–a. Entra el Coro riendo a carcajadas se acerca a la pareja, que no se ha movido y que parece no darse cuenta de lo que pasa a su alrededor.]

Claudia:           ÁAh!

Arnot: [Tratando de ser fuerte.] ÁNo te asustes!

[El Coro se divide en parejas, imitando a los enamo­rados. R’en con estrŽpito.]

1er.      Coreuta Masculino: [Burlonamente.] Las palabras sobran cuando se ama.

1».        Coreuta Femenina: Mis ojos dicen lo que calla mi boca.

        Coreuta Masculino: Mirarte es un privilegio.

        Coreuta Femenina: SerŽ tuya hasta la muerte.

[Hacen muecas y r’en.]

Claudia:           [Al ni–o.] ÀPor quŽ se r’en?

Arnot:             Porque . .. no saben ...

Claudia:           ÀQuŽ es lo que no saben?

Arnot:             Lo que tœ y yo sabemos.

Claudia:           ÁAh! Pero me duele que se r’an.

Arnot:             A m’ tambiŽn.

Claudia:         [Hablando al Coro.] ÁYa! ÁC‡llense! [Nadie la escucha.] ÁYa!

Arnot:            ÁC‡lmate!

Claudia:           No quiero que se r’an.

Arnot:             No te escuchan. Yo se los dirŽ, ten fe en m’.

Claudia:           La tengo.

Arnot:             ÁSilencio!

[En el momento en que el ni–o habla se abre la Gran Boca y emerge la Meg‡fona. Se interrumpen las risas. La ni–a sonr’e y mira al ni–o agradecida.]

Meg‡fona:       ÁA la Luna! Estamos en la Era C—smica. La conquista del espacio es una realidad. La ciencia abre nuevas perspectivas. La audacia es hoy nuestra consigna. ÁVayamos al espacio, nuevos horizontes nos aguardan! La nueva tierra prometida es la Luna. ÁNuestros cohetes son los veh’culos modernos!

Meg‡fono:       [Emergiendo de la Gran Boca y tomando el artificial entusiasmo de un locutor que anuncia un producto.] Para sus cohetes, utilice usted productos Cosmit—n, ninguna marca podr‡ darle mejor rendimiento que Cosmit—n. Garantizados a miles de kil—metros de la Tierra . . . Cosmit—n le dar‡ seguridad. Encomiende su vida a Cosmit—n, recuŽrdelo. Si su cohete es Cosmit—n, su vida estar‡ a salvo.

[El Coro cambia totalmente de actitud. Ahora actœa como si se tratara de consumidores de cohetes.]

1er. Coreuta: ÁCosmit—n! Vaya atrevimiento, como s’ no supiŽ­ramos que todos los cohetes Cosmit—n se pierden en el espacio.

Coreuta:      ÁCosmit—n! He ah’ una marca de prestigio bien ganado. Es la œnica en la que se puede confiar.

1er. Coreuta:   ÀUsted le tiene confianza? ÁPobre loco!

Coreuta:      ÁLoco! ÁYo! No hay ninguna marca que sea mejor que Cosmit—n.

1er. Coreuta:   ÀQuŽ? [R’e con suficiencia.] No sabe usted lo que dice. Para cohetes, s—lo los Supercosmo. ÁEsos s’ son cohetes!

3er. Coreuta:   ÁBah! Todas las marcas son iguales.

[El Coro se divide en dos bandos, adoptando la actitud de fieras que van a pelear. S—lo queda aparte el 3er. Coreuta.]

Primer Coro:   Cosmit—n es mejor.

Segundo Coro: Supercosmo es mejor.

Primer Coro:   Cosmit—n.

Segundo Coro: Supercosmo.

3er Coreuta: En la esquina izquierda se encuentra Cosmit—n, veinte metros de largo por diez de di‡metro, doscientas tone­ladas. Peso completo. En la esquina derecha Supercosmo, el retador, veinte metros de largo por diez de di‡metro, tambiŽn doscientas toneladas. Peso completo.

[Las mujeres del Coro se suben en la espalda de los hombres y se disponen a pelear por parejas. Se inicia el encuentro. El Tercer Coreuta saca un silbato y lo hace sonar. Se acercan los contrincantes para iniciar la pelea cuando entra el Primer General (que ser‡ interpretado por una mujer vestida de general), con su llave en la espalda.]

1er. General: [EnŽrgicamente, situ‡ndose al centro e interrum­piendo la pelea.] ÁAlto ah’! ÀD—nde se ha visto una guerra sin general? ÀC—mo se atreven a defender a Supercosmo, sin saber que Cosmit—n les costar‡ la peque–a e incre’ble suma de doscientos danios?

Segundo Coro: ÀDoscientos?

[Entra el Segundo General (que tambiŽn ser‡ interpre­tado por una mujer), con su llave, para dar cuerda, en la espalda.]

General: Compren ustedes Supercosmo al irrisorio precio de ciento ochenta danios.

Primer Coro: ÀCiento ochenta?

[Los que antes alababan a Cosmit—n se al’nean detr‡s del Segundo General.]

1er. General: Doscientos danios es el precio normal, pero para ustedes, como oferta especial, Cosmit—n les costar‡ œnicamente ciento cincuenta danios.

[Los dos coros se alinean detr‡s del Primer General.]

General: Supercosmo, haciendo un esfuerzo por brindar a su clientela la oportunidad de llegar al Universo en la forma m‡s econ—mica posible, les permite adquirir su magnifico Modelo Ultraestelar, a la incre’ble suma de Áciento cuarenta danios!

[Todos gritan y se encaminan hacia el lado del Segundo General. El Primer General, viendo que se va a quedar sin adeptos, comienza a ofrecer.]

1er. General: Obtenga su Cosmit—n por s—lo ciento cuarenta y ocho . . . no, ciento cuarenta y seis . . . ciento cuarenta y cua­tro . . . ciento cuarenta y dos . . . ciento cuarenta . . . œltimo precio . . . ciento cuarenta danios . . .

[El Coro queda dividido nuevamente en dos grupos de partidarios.]

1er. General: Firmes . . . derrotaremos a Supercosmo.

General: Firmes . . . derrotaremos a Cosmit—n.

Los dos Cenerales: ÁFirmes! [Todos se ponen firmes, menos la pareja de enamorados, los ni–os y el Tercer Coreuta.] ÁAlinea­dos! ÁFlanco derecho! ÁDerecha! ÁMarchen! Un, dos, un, dos . . . ÁAl ataque!

[Ambos coros obedecen. Se mueven siempre con movi­mientos mec‡nicos, como mu–ecos de cuerda. Queda solo el Tercer Coreuta, sin saber hacia d—nde dirigirse.]

3er. Coreuta: ÁBah! [Se esconde atr‡s del ‡rbol.]

1er. General: ÁDesertor! [Le dispara con una resortera, pero no acierta con el tiro. DespuŽs, se dirige a su ejŽrcito con voz de mando.] ÁA sus puestos!

Los dos Generales: ÁListos para el combate! ÁFuego!

[Suena muy fuerte la marcha militar y poco a poco se va transformando en ruido de combate: ametralla­doras, bombas, ca–onazos. La iluminaci—n se hace cam­biante. Se oscurece, se ilumina, se enrojece, por la proyecci—n de escenas de guerra sobre toda la escena, mientras los dos Coros luchan. Sobresalen apenas, las voces de los generales.]

1er. General: ÁCuidado con la retaguardia!

         General: Preparen la mecha. Ataque por el flanco izquierdo.

Los dos Generales: ÁAdelante! ÁTriunfaremos!

         General: Necesito un voluntario.

[Uno de los combatientes del Segundo Coro se acerca al Segundo General, quien le da algo. El combatiente abraza el objeto y se tira entre las filas enemigas. Cae. El Segundo General lo alza de la ropa y le habla con dignidad.]

   General: Te condecorarŽ, eres un hŽroe. Morir por la patria es vivir eternamente.

[De pronto se hace el silencio, todos quedan inm—viles. Se iluminan Claudia y Arnot arriba del ‡rbol.]

Claudia:           ÀPor quŽ pelean?

Arnot:  Cada uno quiere ser el primero.

Claudia:           El primero . . . Àen quŽ?

Arnot:  Ser‡ en . . . morir.

[La pareja de enamorados se levanta y sale acompa–ada por el final de ÒAdagioÓ de Albinoni. Cesa la mœsica y el combate se reanuda.]

1er General: ÁAnimo! Est‡ pronta la victoria.

2¼.  General: No hay que perder terreno. ÁVenceremos!

1er. General: ÁPor la patria!

2¼.  General: ÁCuidado con los puntos vulnerables! Es preciso romper la unidad del enemigo . . . Cercadlo. Hay que acabar con ellos. ÁMuerte al enemigo!

[El Coreuta que cay— y que fue proclamado hŽroe, disimuladamente, se va arrastrando hasta salir de es­cena.]

Los dos Coros: ÁMuerte!

[Los dos meg‡fonos emergen por la Gran Boca]

Meg‡fono: [Dominando el estruendo.] Pasen, pasen a esta Magna Exposici—n, en la que ustedes, hombresÉ

Meg‡fona:       Y mujeres

Meg‡fono:       Édel siglo XXI, y por ello afortunados, podr‡n ver el Universo en su humana proporci—n. La ciencia, en su af‡n de servir a la Humanidad, ha descubierto el arma m‡s poderosa que registra la historia.

Meg‡fona:       La bomba ÒZÓ.

Meg‡fono:       La bomba que asegura la Paz. Aqu’ encontrar‡n detalles sobre cu‡l es la acci—n de este portento del que la Humanidad de hoy puede disponer para su engrandecimiento.

[El combate se suspende. Los meg‡fonos salen rumbo a la Magna Exposici—n.]]

1er. General: [Al Segundo General.] ÀHa escuchado Su Exce­lencia?

2¼. General: S’, hay una nueva arma.

1er. General: ÀLa conoce?

2¼. General: No Excelencia, pero segœn entend’ es mejor que todas las conocidas hasta hoy.

1er. General: Le propongo una tregua. [El coro comienza a comportarse como si estuviera en una fiesta: comiendo, bebiendo y brindando.]

2¼. General: Acepto. Morir con armas anticuadas ser’a un des­prestigio.

1er. General: Con la bomba ÒZÓ podremos matarnos mejor.

2¼. General: M‡s c—modamente, sin tanto esfuerzo.

1er. General: Entonces, por la conveniencia de nuestros dos par­tidos . . .

2¼. General: Obtengamos primero la nueva arma.

Los dos generales:       [Brindan y chocan sus supuestas copas.] ÁSalud! ! [Beben y hacen el gesto de tirar las copas hacia atr‡s de ellos.]

Coro:               [Imitando a los generales] ÁSalud!

Los dos Generales: [A sus respectivos ejŽrcitos.] ÁFirmes! [Todos obedecen.] ÁA la Magna Exposici—n! Alineados . . . ÁFirmes! Flanco dere­cho. . . Derecha. . . En marcha y... un, dos, un, dos, un, dos. . .

[Salen los dos generales, seguidos de los dos coros, marchando, por la puerta que conduce a la Magna Exposici—n. Silencio.]

Claudia:   Tengo hambre.

Arnot:             ÀQuieres que bajemos de la Luna?

Claudia:   Como tœ quieras.

Arnot:      Ven. [Baja del ‡rbol y ayuda a Claudia a bajar.] ÀA quŽ quieres jugar ahora?

Claudia:   Tengo hambre.

Arnot:      [Saca un billete del bolsillo.] Toma, come.

Claudia:   [Observa el billete con extra–eza.] ÀSe come?

Arnot:             Mi pap‡ dice que esto sirve para todo.

Claudia:   [Mordiendo el billete.] Puff . . . no sabe bien.

Arnot:             Dice mi pap‡. . .

Claudia:   Tu pap‡ est‡ equivocado. . . esto no sirve para comer. . . sabe a papel.

Arnot:             Es papel. . .

Claudia:   Pues el papel no sirve para todo.

Arnot:             El dice. . .

Claudia:   Tengo hambre.

Arnot:             Tengo una idea. . . espera, voy de nuevo a la Luna. [Se sube al ‡rbol.]

Claudia:   No tardes.

Arnot:      No.

Claudia:   Me siento sola. . . ÀQuŽ haces?

Arnot:             Toma. [Le tira un fruto desde arriba.] Atr‡pala.

Claudia:   [Lo recibe y lo prueba.] Mmm. . . sabe bien. . . gracias.

Arnot:             [Baja del ‡rbol. Va sacando frutos de los bolsillos.] To­ma. . . toma. . .

Claudia:   Gracias.

Arnot:             Toma. . .

Claudia:   Gracias.

Arnot:             Y otra m‡s.

Claudia:   Mm. . . esto s’ que es le van a encantar.

Arnot:             ÀTu mam‡? ÀVives con tu mam‡?

Claudia:   S’. . . ÀTœ no?

Arnot:             [Comiendo.] No.

Claudia:   Entonces Àcon quiŽn?

Arnot:             Con mi pap‡.

Claudia:   ÀQuŽ hace tu pap‡?

Arnot:             Es millonario.

Claudia:   Ah. . . ÀY quŽ es eso?

Arnot:             Quiere decir que tiene millones.

Claudia:   ÀDe quŽ?

Arnot:             De danios.

Claudia:   ÁAh! ÀAlgo as’ como un coleccionista?

Arnot:             S’.  ÀY tu mam‡, quŽ hace?

Claudia:   Trabaja ah’. [Se–ala la f‡brica.]

Arnot:             ÀQuŽ es?

Claudia:   Una f‡brica de productos de belleza.

Arnot:             ÀDe belleza?

Claudia:   S’

Arnot:             ÀQue tu mam‡ es muy bella?

Claudia:   S’, por eso quiere que todos sean bellos.

Arnot:             Debe ser bonito trabajar como ella.

Claudia:   Cuando yo sea grande serŽ como ella. Y tœ Àser‡s colec­cionista como tu pap‡?

Arnot:      [Duda.] Siempre est‡ de mal humor . . . no [decidido.] no quiero ser como Žl.

Claudia:   ÀQuŽ te gustar’a ser?

Arnot:      No sŽ. . . algunas veces, siento deseos de ser aviador. [Imita el ruido de un ÒjetÓ y adopta la actitud supuesta de un aviador. Corre por la escena.] Shshsh. . . [Se detiene.] Otras veces, quisiera ser de esos que vuelan. . . como los p‡jaros.

Claudia:   ÀNo son los aviadores?

Arnot:      No, son los trapecistas. ÀNo los has visto? aire, dan maromas y luego estiran los brazos y se a otros como si fueran frutas de ‡rbol. TambiŽn, siera escarbar en la tierra y encontrar ra’ces, o gustar’a hacer que crecieran ‡rboles como Žste.

Claudia:   Este no es ‡rbol, es la luna que me regalaste.

Arnot:             Bueno, ‡rboles, como muchos que he visto. Me gusta la tierra.

Claudia:   Juguemos a buscar ra’ces.

Arnot:             Aqu’ no hay tierra, s—lo asfalto.

Claudia:   ÀY quŽ hay bajo el asfalto?

Arnot:             No lo sŽ.

Claudia:   ÁHabr‡ tierra!

Arnot:             [Animado.] ÀBuscamos?

Claudia:   S’.

Arnot:             ÀCon quŽ escarbamos?

Claudia:.  No sŽ.

Arnot:      [Saca de nuevo el billete.] ÀNo nos servir‡?

Claudia:   No creo.

Arnot:             ÁBah...! Mi pap‡ estaba equivocado, esto no sirve para nada. Ya sŽ espera, voy a la luna.

Claudia:   No tardes.

Arnot:             [Trepando al ‡rbol.] No.

Claudia:   ÀEncontraste algo que nos sirva?

Arnot:      Estoy buscando. Espera. . . ya est‡. . . ah’ va. . . no vayas a lastimarte.

Claudia:   No.

[La ni–a recoge la vara que tir— Arnot. El ni–o baja del  ‡rbol. Vuelven al lugar donde hab’an tratado de escarbar.]

Arnot:             ÀSe puede?

Claudia:   Parece que s’.

Arnot:             Quisiera encontrar ra’ces.

Claudia:   ÀPor quŽ te gusta?

Arnot:             Porque a veces me siento ‡rbol. asfalto y ver‡s que no crece.

Claudia:   Tœ sabes muchas cosas.

Arnot:      Me gusta revolcarme en la tierra, que las u–as se me llenen de tierra. ÁEste asfalto! Quisiera romperlo, borrarlo como a una mancha en mi cuaderno.

Claudia:   ÀTe gustar’a comer tierra?

Arnot:      S’. ÁTe imaginas quŽ grandes comedores!

Claudia:   No habr’a cacerolas, ni estufas. . .

Arnot:      Ni hornos, ni cubiertos. . .

Claudia:   Por m‡s que escarbamos, no veo que haya tierra debajo del asfalto.

Arnot:             [Tratando de complacerla.] ÀQuieres jugar a dar de vueltas?

Claudia:   [Animada.] S’.

[Arnot toma a Claudia de las manos y dan vueltas. Ambos r’en.]

Arnot:             ÀTe gusta?

Claudia:   Ya, ya. . . la tierra se va a caer. . . [Dejan de dar vuelta.]

Arnot:             ÀC—mo te llamas?

[Suena la mœsica de Albinoni. Entra a escena la pareja de enamorados. Se miran a los ojos, se sientan en la banca. Los ni–os. los observan con curiosidad.]

Claudia:   ÁMira. . . parece que estuvieran platicando!

Arnot:      ÁNo hables!

[Silencio.]

Mujer:     Tus ojos. . . luz colmada, rel‡mpagos que sue–o como soles.

Hombre:   Tus ojos. . . mar sin playas, con azules que r’en

      y verdes que me hacen caer en abandono.

Mujer:     Tu boca. . . rendija por donde penetro a tu misterio

Hombre:   Tu boca. . . para’so sin ‡rboles prohibidos.

Mujer:     Tus manos . . . movimiento que se perfecciona en la caricia.

Hombre:   Tus manos.. . dos ‡ngeles llev‡ndome hasta la fuente misma de la vida.

Mujer:     Tu aliento. . . eternidad que se dibuja en un suspiro.

Hombre:   Ayœdame a vivir, dŽjame compartir tu sombra.

Mujer:    Ayœdame a existir, dŽjame compartir tu luz.

[La pareja se acaricia dulcemente. DespuŽs en forma m‡s efusiva. Disminuye la iluminaci—n, hasta que ambos se ven como una sola silueta. Se presiente, m‡s que se ve, que es la fusi—n del amor. DespuŽs, todo se aquieta. Un reflector ilumina la Gran Boca que se abre dejandosalir a los Meg‡fonos.]

Meg‡fono:       HombresÉ

Meg‡fona:       Éy mujeres.

Meg‡fono:       Édel siglo XXI. Esta Magna Exposici—n les in­vita a contemplar el Universo en su divina proporci—n. En ella podr‡n ver todo el proceso de la inseminaci—n artificial. Hoy la ciencia ha logrado crear un ser humano a base de substancias qu’micas y del genoma humano. La probeta ha sustituido a la madre. Vean con sus propios ojos este gran avance de la ciencia.

[Mœsica : la ÒMelod’aÓ de Gluck en viol’n y piano. Los enamorados, que han permanecido como inanimados, se reaniman. Se ponen de pie y en­lazados y mir‡ndose a los ojos, salen de escena tras los Meg‡fonos.]

Claudia:           [Asombrada.] ÁJuguemos como ellos!

Arnot: [Tierno pero imperativo.] ÁNo hables!

[Como en Žxtasis, el ni–o toma de la mano a la ni–a la lleva hacia la banca. Se sientan en ella mir‡ndose a los ojos largamente, tal como lo hiciera la pareja.J

Claudia:   Tus ojos. . .

Las voces de la Mujer y del Hombre que forman la pareja de enamorados, podr‡n escucharse directamente, o al travŽs de un magnavoz.]

Voz de la Mujer:   Éluz colmada, rel‡mpagos que sue–o como soles.

Arnot:      Tus ojosÉ

Voz del Hombre:   . . .mar sin playas, con azules que r’en y verdes que me hacen caer en abandono.

Claudia:   Tu boca. . .

Voz de la Mujer:   . . .rendija por donde penetro a tu misterio.

Arnot:      Tu boca. . .

Voz del Hombre:   . .para’so sin ‡rboles prohibidos.

Claudia:   Tus manos. . .

Voz de la Mujer:   . . .movimiento que se perfecciona en la caricia.

Arnot:      Tus manos. . .

Voz del Hombre:         . . .dos ‡ngeles llev‡ndome hasta la fuente misma de la vida.

Claudia y Arnot:   Tu aliento . . .

Voz de la Pareja: . . .eternidad que se dibuja en un suspiro.

Arnot:      Ayœdame a vivirÉ compartirŽ tu sombra.

Claudia:   Ayœdame a existir. . . compartirŽ tu luz.

[El ni–o acaricia dulcemente los cabellos y el rostro de la ni–a. Se aproximan como para besarse, mientras lentamente se hace un oscuro total. S—lo pueden verse los ojos del gato brillando entre las ramas del ‡rbol. Silencio largo.]

Arnot:       [En completa oscuridad.] Me gusta compartir tu sombra.

           [Vuelve la luz]

Claudia:   Y a m’, me gusta compartir tu luz.

Arnot:             ÀC—mo te llamas?

Claudia:   Claudia ÀY tœ?

Arnot:      Arnot.

Claudia:   Hemos descubierto un bello juego.

Arnot:             No es un juego.

Claudia: ÀQuŽ es?

Arnot:             Una semilla abierta.

Claudia:   ÀUn ‡rbol?

Arnot:             Una aurora.

Claudia:   Hemos hallado entonces las ra’ces del tiempo.

Arnot:             Y de los hombres.

Claudia:   Y de las mujeres.

[Se iluminan s—lo sus rostros que aparecen radiantes, mientras lentamente cae el

 

TELîN

 

SEGUNDO Acto

 

[La misma plaza. La escena est‡ aparentemente vac’a, aunque el coro se alcanza a vislumbrar al fondo, mimetizado con el muro y quieto. Llega el ni–o, mira hacia atr‡s, como si lo persiguieran. Observa des­puŽs por todas partes, buscando a Claudia. Se escucha el tema musical de ÒPedro y el loboÓ de Prokofieff.Acaricia el tronco del ‡rbol, se recuesta sobre la banca, mirando hacia las ramas. El gato, desde las ramas del ‡rbol mira a Arnot y responde con un ÒmiauÓ a cada una de las preguntas de Arnot.]

 

Arnot:   ÁGatito! ÀSabes tœ d—nde est‡ ella? Si la ves desde all‡ arriba, ll‡mala, dile que la espero . . ÀNo te aburre estar solo entre las ramas? ÁClaudia! Si ves unos cabellos que han atrapado al sol, convirtiŽndose en miel . . . es ella. ÁLl‡mala! Si ves dos lucecitas de luciŽrnaga, temerosas, es ella Áll‡mala! Gatito, Áayœdame a encontrarla! Quiero compartir su sombra.

[Salen los Meg‡fonos de la Gran Boca]

Meg‡fono:  HombresÉ

Meg‡fona: Éy mujeres

Meg‡fono: É del siglo XXI. Pasen, pasen a esta Magna Exposici—n en la que encontrar‡n expuesta toda la historia de la Humanidad. Las escenas m‡s culminantes, ser‡n repre­sentadas una tras otra. Podr‡n asistir a la guerra de Troya, a los combates de Napole—n, a la primera o a la segunda guerra mundial, como ustedes gusten y hasta a la guerra at—mica . . . [Como si se hubiera rayado un disco.] guerra at—mica... guerra at—mica . . . guerra at—mica . . . [Baja la luz y se proyecta sobre toda la escena una explosi—n nuclear.] Éguerra at—mica . . . guerra at—mica . . . guerra at—mica . . . guerra at—mica . . . guerra at—­mica . . . guerra at—mica . . . guerra at—mica . . . guerra at—mica. . .

Arnot: [Se levanta.] ÁBasta!

Meg‡fono:       [Simult‡neamente.] . . . guerra at—mica . . . guerra at—­mica . . .

Arnot: . . . basta . . . basta . . . basta . . . basta . . . no soporto mas . . . ÁBasta! . . . ÁSilencio! [Se sube al ‡rbol.]

Meg‡fona: . . . para la salvaci—n del mundo libre. Podr‡n tomar parte del per’odo de la historia de la Humanidad que m‡s les acomode, y contemplar desde el Òeslab—n perdidoÓ, hasta el robot; desde la flecha para cazar animales, hasta el rayo paralizador para cazar hombres . . .

Meg‡fono: Pasen, pasen a ver esta Magna Exposici—n.

[Los Meg‡fonos, seguidos por el coro, hacen mutis hacia la Magna Exposici—n. Se escucha la ÒMelod’aÓ de Gluck. Entra a escena Claudia, tambiŽn como si fuera huyendo de alguien. Ve al gato arriba del ‡rbol y le da un dulce. Busca alrededor del ‡rbol. Se sienta en la banca con desilusi—n.]

Arnot: ÁClaudia!

Claudia: [Feliz.] Arnot.

Arnot: ÁVen a nuestra luna!

Claudia: Te traje un regalo.

Arnot: ÀQuŽ es?

Claudia: Adivina.

Arnot: ÁUn sue–o!

Claudia: No.

Arnot: ÁUn canto!

Claudia: No.

Arnot: ÁYa sŽ ...! ÁUna ra’z!

Claudia: ÁS’!

Arnot: [Desciende del ‡rbol.] Ser‡ para los dos. De ella beberemos.

Claudia: Y respiraremos.

Arnot: Nos alimentar‡.

Claudia: Y nos har‡ so–ar y cantar.

Arnot: Ella ser‡ nuestra tierra y nuestro cielo.

Claudia: Ser‡ la estrella que quer’as.

Arnot: S—lo tœ me haces falta.

Claudia:  Toma.

Arnot: Pero si parece una fuente.

Claudia: Sin embargo, es una ra’z.

Arnot: [Toma la ra’z, saca un pa–uelo, la envuelve en Žl y se la guarda.] Me escapŽ para venir a verte.

Claudia: Yo tambiŽn. Era necesario.

Arnot: No nos separaremos mas.

Claudia: No. Por eso traje la ra’z.

Arnot: Quer’a compartir tu sombra.

Claudia: Y yo tu luz.

Arnot: SerŽ un techo para cubrirte.

Claudia: SerŽ un suelo limpio y blando para que tœ camines.

[Al ver Arnot que viene su padre, se esconde atr‡s del ‡rbol.  Entra el Millonario con un perro de cacer’a que lleva atado a una correa. El animal tiene s—lo dos dimen­siones. La silueta puede ir montada sobre una plata­forma de madera con ruedas.]

Millonario: [Al animal.] ÀPor quŽ me traes al Banco? Te ordenŽ que encuentres a Arnot. Conoces tanto mi camino diario, que no puedes imaginar que haya otros caminos, adem‡s de Žste. ÁVaya perro de cacer’a!

[El ni–o ve llegar a su padre y corre a esconderse atr‡s del ‡rbol.]

Claudia: [Sin ver al Millonario.] ÀQuŽ haces? ÀPor quŽ te escon­des?

Arnot: [Asomando la cabeza por el lado contrario al sitio donde se encuentra su padre.] ÁSh! [Se–ala con su mano al Millonario.]

Claudia: [Ve al Millonario y a su perro.] ÁQuŽ bonito perro! [A Arnot.] Ven, no seas miedoso, no te har‡ nada.

Millonario: [A la ni–a.] ÀA quiŽn le hablas?

Claudia: ÁQuŽ bonito est‡ su perro!

Millonario: ÀHas visto por aqu’ a un ni–o?

Claudia:  ÀA un ni–o? [Voltea la cabeza para buscar a Arnot, comprende de pronto, que lo busca para llev‡rselo y se turba.]

Millonario: Si, a un ni–o.

Claudia: ÀNo muerde?

Millonario:      Los ni–os no muerden.

Claudia: Digo su perro.

Millonario: ÀCon quiŽn hablabas hace un momento?

Claudia: Con . . . un gatito que est‡ en el ‡rbol . . . puede usted verlo. Mire . . sus ojos brillan como dos pozos con luz de luna.

Millonario: Me est‡s enga–ando . . . [El perro se dirige hacia el ‡rbol, m‡s para seguir al gato que para encontrar a Arnot.] Arnot est‡ aqu’ y tœ lo est‡s ocultando.

Claudia:  [Corre hacia el ‡rbol para impedir que el perro descubra a Arnot.] ÀC—mo te llamas, perrito?

Millonario: ÁQu’tate de ah’! ÁSuelta mi perro! ÀD—nde est‡ Arnot?

Claudia: [Desesperada.] No sŽ de quŽ me habla, ni quiŽn es ese Arnot . . . [Procurando distraerlo.] Su perro es muy bonito.

Millonario: [Sacude a la ni–a.] Dime la verdad . . . o Áhago que mi perro te descuartice!

Arnot: [Sale de su escondrijo.] ÁDŽjala pap‡ . . . aqu’ estoy!

Claudia: Arnot Àpara quŽ saliste?

Millonario: [Soltando a Claudia.] ÀCon que no sab’as quiŽn era ese ArnotÓ? ÀEh? Peque–a rata mentirosa. [Al ni–o.] Y tœ, ÀquŽ haces con esta lagartija? ÀNo ves que no es de tu clase, ni de tu posici—n? Enlodas nuestro nombre. ÁTe prohibo que vuelvas a hablar con ella. ÀEntendido?

[El Coro se desprende del muro y avanza hasta rodear a Arnot.]

Coro:  ÁProhibido! ÁProhibido! No sabes peque–o que hay muchas cosas prohibidas . . .

Arnot: [Al padre.] No. ÁMe gusta estar con ella!

Coro:  Est‡ prohibido responder.

1er. Coreuta: Y pensar por ti mismo.

Coreuta: Y decidir.

3er. Coreuta: Y no ser como todos.

Coro:  ÁEst‡ prohibido!

Arnot: ÁQuiero estar con ella!

Coro:  ÁEst‡ prohibido! ÁProhibido! ÁProhibido!

Millonario: ÁNo la ver‡s m‡s!

Arnot: No . . . no . . . ÁSuŽltame!

Coro:  ÀNo sabes que est‡ prohibido rebelarse contra los padres?

1er. Coreuta: ÁY so–ar!

Coreuta: ÁY comer manzanas!

3er. Coreuta: ÁY cruzar las fronteras!

Coro: ÁEst‡ prohibido! ÁProhibido! ÁProhibido!

            ÁProhibido! Prohibido. Prohibido. Prohibido . . .

[Crescendo.]

[Arnot trata de zafarse del padre. Lo logra y corre hacia Claudia. Se abrazan, el padre vuelve a aprehen­derlo y lo lleva hacia el Banco. El Coro sujeta a Claudia y la conduce hacia la F‡brica.

Coro:        [Mimando el transporte de una larga y pesada cadena.] ÁLa cadenaÉ la cadenaÉ la cadenaÉ la cadena!É

 El Millonario pone al ni–o la cadena invisible, atando el otro extremo de ella a un costado del Banco. El Coro pone otra cadena a Claudia, sujet‡ndola a un lado de la F‡brica.]

Arnot: No, no me amarres, padre, si no É [Ante el gesto ame­nazador del ni–o, el Millonario le da una bofetada.]

Coro:   ÁEst‡ prohibido rebelarse! Y so–ar. Y comer manzanas. Y pensar. Y cruzar las fronteras.

1er. Coreuta: [Pintando una raya imaginaria en el suelo, cerca de Arnot.] Aqu’ est‡ tu frontera.

2¼ Coreuta: [A Claudia. DespuŽs de pintar otra raya imaginaria cerca de ella.] Aqu’ acaba tu espacio.

Coro:   [Regocij‡ndose.] No podr‡n llegar al manzano.

Voces alternadas de los coreutas: No podr‡n . . . al manzano . . . llegar . . . al manzano . . . llegar . . . no podr‡n . . . llegar . . . al manzano . . .

[El Coro sale de la escena.]

Millonario:      [Penetrando en el Banco.] Y recuerda: ÁEst‡ prohi­bido! [Sale.]

Claudia:           Arnot.

Arnot:                         Claudia.

Claudia:           ÀQuŽ son fronteras?

Arnot:             [Pausa. DespuŽs de recapacitar.] Algo que divideÉpero que no se ve.

Claudia:           Y si no se ven Àc—mo saben d—nde las han puesto?

Arnot:                         Quiz‡ porque unos a otros se dicen el secreto.

Claudia:           Quiz‡ las huelen.

Arnot:                         Probablemente se tropiezan con ellas y es as’ como las encuentran.

Claudia:           ÀY si tropezamos nosotros con las que nos pusieron?

Arnot:                         Tendremos cuidado para que no nos hagan da–o.

Claudia:           Ya sŽ . . . podremos brincar’as, y si son muy altas usa­remos una garrocha.

Arnot:                         No es necesario, tenemos nuestra luna.

Claudia:           ÀAll‡ no hay fronteras?

Arnot:                         No . . . mientras no lleguen ellos.

Claudia:           ÀLos hombres llevan consigo las fronteras?

Arnot:             S’.

Claudia:           ÀY pesan?

Arnot:                         Deben pesar.

[Se escucha el ÒAdagioÓ de Albinoni. Entra a escena la pareja de enamorados. Se sientan en la banca.]

Hombre:          Precipicio de ausencia es cada parpadeo tuyo.

Mujer:                         Cuando tœ duermes

me llevas en destierro a la isla sin sol, sin nombre a la Nada.

Hombre: No, que en cada sue–o te rescato. Tu imagen de vidrio danza en mi cerebro

devorando entera mi memoria.

Mujer: Tœ eres el aire de mi respiraci—n.

Hombre: Toma esta llave. Ella guarda mi esencia.

S—lo tœ podr‡s saberme.

Mujer: La guardarŽ aqu’, donde mi fe en el vivirte enraiza.

     Bajo la almohada en que reclina su cabeza el d’a

     y sobre mi pecho que de tanto absorberte te trasmina.

Hombre: S—lo tœ conocer‡s quŽ luz cruza mis pupilas

     y quŽ aire qued— preso

    en los breves instantes de un inhalar apresurado,

    bajo mi piel que de tanto aspirarte se hace parte tuya.

Mujer: Mis huesos, al moverse, crujen con tu nombre.

Hombre: Y los m’os, campanas blancas que la noche fabrica,

    doblan a fiesta al presentirte.

Mujer: TambiŽn yo

Ñen el silencio de esta hora

que al callar las heridas de otras voces

que a s’ mismas se profanan

las redimeÑ

te entrego la llave de mi entera substancia.

La que me guarda a ti en consagraci—n.

Llave s—lo para tus manos.

Mi ser, atado a su metal como la vista a los ojos,

te ofrece su totalidad.

Hombre:          Tu universo en mis manos

    es un p‡jaro de alas fr‡giles,

   al que el viento dormido sostiene, columpia y deposita

   como a un arc‡ngel blanco.

Tu universo,

haz de luz que no turb— la noche,

en mis manos de sombra que por Žl se iluminan

me hace Dios . . . Dios antiguo y Dios nuevo.

Mujer:   ÁDios del eterno amor!

 [Las cadenas invisibles de Claudia y Arnot se rompen y caen dej‡ndolos en libertad. La pareja se abraza con sencilla ternura. Hombre y Mujer se levantan y lentamente se encaminan fuera de escena. Salen.]

Arnot:            [Acerc‡ndose a Claudia.] Dame la mano. [Claudia obedece. Arnot hace un gesto como si le untara algo en la mano.]

Claudia: ÀQuŽ haces?

Arnot: Te pongo goma . . . [Toma con su mano la de Claudia.] Ahora s’ . . . no volver‡n a separarnos.

Claudia: ÁQuŽ alegr’a!

Arnot:            Hemos cruzado sus fronteras.

Claudia: ÀLos viste?

Arnot: S’, era como mirar dos estrellas que se acercaban hasta hacerse una.

Claudia: Hag‡monos tœ y yo una sola estrella.

Arnot: Ya lo somos. ÀNo lo ves? Estamos pegados por fuera y por dentro; por los ojos y las manos, por el aire que respi­ramos . . . por la luz que nos cubre.

Claudia: ÒÁDios del eterno amor!Ó dijeron.

Arnot: ÒÁDios antiguo y Dios nuevo!Ó [Se dirigen hacia al ‡rbol y se sientan junto al tronco tomados de la mano. Se miran a los ojos con dulzura. Durante la escena siguiente se ver‡ que hablan entre ellos, sin prestar atenci—n a lo que hacen los Meg‡fonos que salen de la Gran  Boca, y el coro.]

Meg‡fono: HombresÉ

Meg‡fona: Éy mujeresÉ

Meg‡fono: Édel siglo de los milagros verdaderos, asistid a esta Magna Exposici—n, en donde podrŽis vivir en carne propia, la historia completa de las religiones humanas, desde las m‡s b‡rbaras, hasta las m‡s civilizadas.

Meg‡fona: Ritos a la disposici—n. Expedimos toda clase de pasaportes para el cielo. Elegid el que m‡s se acomode a vuestras necesidades o deseos. Sentaos a la mesa en un banquete totŽmico y comed el cuerpo de la deidad que m‡s os satisfaga.

Meg‡fono: ConocerŽis los reyes-dioses y no tendrŽis m‡s que pedir que se os embalsame como a ellos, para compartir su inmortalidad. [DirigiŽndose al pœblico, los Meg‡fonos bajan al lunetario.] Si alguno de vosotros es tan amable de prestarse como voluntarioÉ Àvoluntario?É

Meg‡fona: Aqu’ hay una voluntaria. [Una Coreuta, sentada entre el pœblico sube al escenario y la conducen hasta la banca.]

Meg‡fono:  Se verificar‡ un sacrificio humano, tal como lo hac’an los aztecas, es decir, extirpando el coraz—n.

Meg‡fona:  En ambas operaciones garantizamos a ustedes una cicatrizaci—n perfecta y un r‡pido restablecimiento, sin secuelas, ni malestar alguno.

Meg‡fono:  Vuestros corazones palpitar‡n de nuevo frente al gran Ser de los egipcios, a quien ellos nombraban Piromi que en lengua copta significa ÒhombreÓ y que en sus tres manifestaciones se denominaba:

Meg‡fona: Knef, el creador . . .

[Entra en escena el Coro haciendo reverencias al Primer Coreuta que toma por un momento el papel de Knef.]

Coro:  Knef . . . Knef . . . Knef.

 

[Un reflector azul ilumina al Primer Coreuta.]

Meg‡fona: Ftha, hijo de Knef y de Neith, que es el mismo creador convertido en luz.

[El Primer Coreuta se sitœa junto al lugar iluminado por el reflector azul y esta vez es iluminado por un reflector blanco.]

Meg‡fono: Y FrŽ, hijo œnico de Ftha, que es la misma luz transformada en sol.

[El Primer Coreuta se sale del reflector blanco y se coloca a un lado, bajo la luz de un reflector rojo.]

1er. Coreuta: ÒYo soy cuanto ha sido, cuanto es y cuanto ser‡. Soy El Inaccesible. Soy la luz que gobierna, lo que ƒl [Se–ala la luz azul] ha creado. Soy el gran Dios que se engendra a s’ mismo.

[Las tres luces de los reflectores son rodeadas por los coreutas que ejecutan una especie de danza ritual. El Primer Coreuta ha desaparecido del centro de la luz y s—lo quedan las tres luces.]

Meg‡fono: VerŽis pues, a esta triada o trinidad cosmog—nica; cada uno de ellos es Piromi y los tres reunidos son tambiŽn Piromi.

Meg‡fona: Esto es, corno ustedes saben, eso de un Dios en tres personas distintas. [El Coro queda quieto en actitud de reve­rencia frente a las luces de los reflectores. DespuŽs, lentamente, van saliendo todos de escena, quedan s—lo las tres luces y Claudia y Arnot que siguen ensimismados en su propio di‡logo inaudible.]

Meg‡fono:  Si segu’s con orden el recorrido programado, podrŽis estar presentes en la hora de la muerte [se apaga una luz], en el sepelio [se apaga otra luz] y en la resurrecci—n de Osiris. [Se apaga la tercera luz.]

Meg‡fona:  Y tambiŽn en el nacimiento del divino Krishna, a quien Devaki dio a luz en un establo. [Sale una coreuta con un ni–o en brazos, se recuesta y amamanta al ni–o. Otros coreutas la rodean.]

Meg‡fono: Dioses, genios y pastores la rodearon y se regocijaron. ÁParticipad de su jœbilo! En esta Magna Exposici—n, hemos reproducido, para vuestra felicidad, el para’so egipcio, as’ como el EdŽn y muchos otros para’sos.

Meg‡fona: Como podr‡n ustedes darse cuenta en su visitaÉ

Meg‡fono: Éen donde pasarŽis horas inolvidables.

Meg‡fona: Conoced al mismo tiempo el Olimpo y el Nirvana. Y tambiŽn, para que vuestra experiencia sea completa, podrŽis desenca­denar, como cualquier Dios Todopoderoso, algunos de los diluvios universales, como por ejemplo, aquŽl de los vedas, al cual sobrevivi— Manœ, el gran patriarca hindœ, al que . . . [Entra el Segundo Coreuta como si fuera un patriarca.] Òuna ma–ana presentaron agua para lavarse [se acerca el Tercer Coreuta con un aguamanil. El Segundo Coreuta realiza en pan­tomima lo que va describiendo la voz del Meg‡fono] y limpio que estuvo, qued—le entre las manos un pez, quien habl— en estos tŽrminosÓ:

Meg‡fono: [Como si fuera el pez] ÒAmp‡rame y te salvarŽ a mi vez.Ó

Coreuta: ÒÀDe quŽ me salvar‡s?Ó

Meg‡fono: ÒUn diluvio arrastrar‡ a las criaturas todas; de Žl puedo salvarte. El mismo a–o en que alcance mi completo crecimiento, vendr‡ el diluvio. Construye entonces una nave y ad—rame. Al elevarse las aguas, entra en esa nave y te salvarŽ.Ó

[El Segundo Coreuta eleva los brazos al cielo. La iluminaci—n da idea de lluvia. El Segundo Coreuta sale de la escena caminando como si fuera sobre una nave.

Meg‡fona:       Nuestra Magna Expo­sici—n reproduce tambiŽn para vosotros, el diluvio provocado por la ira de Jœpiter, tambiŽn el de los caldeos, en el cual Baal orden— a Ksisuthro construir una nave y despuŽs de reunir las provisiones necesarias, embarcarse en ella con sus parientes y amigos y con un par, macho y hembra, de todas las aves y de todos los cuadrœpedos, y poner por escrito el origen, la historia y el fin de todas las cosas y ocultar estas memorias bajo tierra en la ciudad del Sol, llamada Sippara.

Meg‡fono: Y como Žste se han reproducido muchos otros espectaculares diluvios. [Cesa la lluvia.] Acercaos a los siete cielos de los deseos de Buda, habitados por seres superiores, que con s—lo intercambiar una sonrisa pueden sentir un deleite capaz de fecundarlos. Sentid vosotros ese deleite, sonre’d y multiplicaos.

CORO:    Sonre’d y multiplicaosÉ sonre’d y multiplicaosÉ sonre’d y multiplicaosÉ

[La Primera Coreuta avanza. Un reflector ilumina el ‡rbol. La coreuta toma un fruto, lo come. Queda encinta. Su pantomima llega hasta el parto.]

Meg‡fono:  Comed, si as’ lo dese‡is, del ‡rbol prohibido de Hunhun-Ahpœ, del cual la joven virgen Xquiq comi— un fruto quedando encinta, segœn cuenta el Popol Vuh de los mayas (o de los quichŽs, no me acuerdo muy bien) . [La Primera Coreuta sale como llevando un ni–o en brazos. La escena se oscurece. Entra el Coro. Reflectores intermitentes alumbrar‡n por instantes las manos de los Coreutas, que las agitan en el aire.]

Meg‡fona:  Hombres y mujeres del siglo XXI, conoced los mitos de nuestros antepasados, presenciad las diferentes formas de creaci—n del mundo, al gusto de los hombres salvajes, antiguos y modernos. Al gusto de las civilizaciones de ayer, de hoy y de ma–ana. Al gusto de las viejas religiones y las nuevas. Ved a Ormuz, el sapient’simo, y al malvado Ahriman que siguen luchando todav’a en favor del Bien y del Mal; a Gea, deba­tiŽndose por destruir a Caos, el espacio tenebroso, mismo al que los chinos dieron el nombre de Hoen-Tun; ved a Kuni­Toko-Dat-Sii-Nno-Mikado, parecido a una espina, surgir tambiŽn de la negra tiniebla, cuando Òal comienzo de las cosas, flotaba el caos, como nadan en el agua los peces.Ó

Meg‡fono: Tal como lo narran en el archipiŽlago de Je-Pen-Kue o tierra del sol naciente

Meg‡fona: Ese pa’s donde, no sŽ si recuerden ustedes, cay— la primera bomba de Hidr—geno. [Proyecci—n sobre toda la escena de una explosi—n nuclear]

Coro: [Voces alternadas.] ÁDios del fuego! ... ÁDiosa de la tierra! ... ÁDios del aire! ... ÁDios del agua!

Meg‡fona: Escuchad la propia voz de Zoroastro, quien se crey— llamado por Ahura Mazda para purificar la religi—n irania del polite’smo, del culto al diablo y a la magia, preconizando la dualidad divina. [Sale el Coro. Sobre el ‡rbol se ve la sombra de una cruz.]

Meg‡fono: Asistid, hombresÉ

Meg‡fona: Éy mujeresÉ

Meg‡fono: Éde la civilizaci—n que ha vencido la gravedad y navega por el espacio sideral, asistid a los or’genes mismos del hombreÉ

Meg‡fona: Éy de la mujerÉ

Meg‡fono: É tal como los han narrado las mitolog’as, tal como los cuentan el sabe’smo,

Meg‡fona:  el sinto’smo,

Meg‡fono: el islamismo,

Meg‡fona: el brahamanismo,

Meg‡fono: el tao’smo,

Meg‡fona: el confucianismo,

Meg‡fono: el budismo,

Meg‡fona: el mazde’smo,

Meg‡fono: el druidismo,

Meg‡fona: el surrealismo

Meg‡fono: y el snobismo.

Meg‡fona: Tal como lo narran los vedas y el Voluspa escandinavo; la Biblia de los hebreos; el Cor‡n de los musulmanes; el Zend-Avesta de los persas; la Il’ada de los griegos, el Popol-Vuh y los libros sagrados de Hermes Trimegisto.

Meg‡fono: Viajad, codo con codo, junto a Helios en su carro de fuego, o con Quetzalc—atl (del que si no me equivoco su nombre significa Òserpiente con plumas de quetzalÓ) a la regi—n de los muertos, en busca de los huesos preciosos para restaurar a los seres humanos. Acompa–ad a Mahoma en su retiro meditabundo.

Meg‡fona: Y por œltimo [mientras habla el Meg‡fono, entra el Coro, ahora con trajes monacales y en procesi—n. Los que van al frente llevan sobre los hombros una imagen irreconocible. Entona,n o se escuchan, saetas o cantos gregorianos. La procesi—n seguir‡, sin interrupci—n, hasta que el Mcg‡fono termine de hablar. Simult‡neamente, entrar‡n dos coreutas persiguiŽndose, uno vestido de diablo y otro de ‡ngel. Saldr‡n de escena y volver‡n a entrar varias veces, pero unas, el ‡ngel perseguir‡ al diablo, y otras, el diablo perseguir‡ al ‡ngel], sed observadores ecu‡nimes o parciales, de las luchas de la Santa Iglesia Apost—lica Romana en contra de las herej’as que han asolado como una plaga sus huestes. Participad en sus combates contra los donatistas; contra el arrianismo; contra Prisciliano, Pelagio y Nestorio; contra el monofisismo,

Meg‡fono: el monotelismo,

Meg‡fona:  el gnosticismo y dem‡s herej’as crist—l—gicas;

Meg‡fono: Écontra los icono­clastas;

Meg‡fona: É contra Lutero, Calvino y sus secuaces;

Meg‡fono: É contra la incre­dulidad y el marxismo-leninismo.

Meg‡fona:    Asistid a las peleas armadas frente a JerusalŽn.

Meg‡fono:  PodrŽis contemplar Las Cruzadas, desde estas gigantescas y c—modas tribunas, realizadas por nuestros m‡s expertos arquitectos y constructores, burlando las barreras de espacio y tiempo, pues el vestuario y los decorados han sido dise–ados por especialistas en la materia.

Meg‡fona:   Ved a la Santa Inquisici—n consumir en su sagrado fuego el cuerpo impuro de los infieles.

Meg‡fono:  HombresÉ

Meg‡fono:  Éy mujeresÉ

Meg‡fono:  del siglo de los milagros leg’timos, asistir a esta Magna Exposici—n, en d—nde podrŽis vivir en carne propia, la historia completa de las religiones humanas, desde las m‡s b‡rbaras, hasta las m‡s civilizadas; desde las m‡s falsas, hasta la verdadera, la œnica, la religi—n de Dios ...

Los dos Meg‡fonos: Éde nuestro Dios.

[La procesi—n se dirige al templo y da fin al hacer mutis todo el Coro. Se escucha el tema musical de los ni–os: la ÒMelod’aÓ de Gluck.]

Arnot:    [Que sigue junto a Claudia como si nada hubiera ocurrido.] ÁDios del eterno amor!

Claudia: ÁDos antiguo y Dios nuevo!

Arnot:    ÀD—nde te gustar’a vivir?

Claudia: Entre los ‡rboles.

Arnot:    Y tendremos un solo nombre.

Claudia: S’, porque yo soy tœ ... y tœ eres yo ... llamarnos con nombres diferentes es como partir en dos el agua.

Arnot:    Busquemos un bosque y con ramas construyamos un techo que huela siempre a eucalipto.

Claudia: Invitaremos a todos a comer ra’ces.

Arnot:   Les ense–aremos c—mo cosechar’as.

Claudia: Nos vestiremos de blanco, como nuestra luna.

Arnot:    Y por las tardes, nos recostaremos sobre la hierba a mojarnos de sol.

Claudia: ÁS’! Toma. Aqu’ tienes la llave de mi entera substancia.

Arnot:    Mis manos la guardar‡n hasta m‡s all‡ de la Nada. [Se entregan sus llaves.]

Claudia: ÀC—mo dijeron ellos?

Arnot:    [D‡ndole tambiŽn una llave invisible.] Toma . . . s—lo tœ podr‡s saberme.

Claudia: La que me guarda a ti en consagraci—n . . . mas all‡ de la Nada.

Arnot:    Tu universo en mis manos es un p‡jaro de alas fr‡giles, al que el viento sostiene, columpia y deposita como a un ar­c‡ngel blanco.

Claudia: Y ahora . . . busquemos el bosque de eucaliptos.

[Se dirigen al lateral derecho.]

Arnot:    ÁCuidado! Viene mi padre.

Claudia:  [Se–alando el lateral izquierdo.] Por all‡ . . .

Arnot:    Viene su Socio. Ven. [Se esconden atr‡s del ‡rbol. Entran a escena el Millonario y el Socio.]

Millonario: [Advirtiendo la ausencia de Arnot.] ÁArnot! ÀD—nde est‡ Arnot? ÀQuiŽn se ha atrevido a desobedecerme?

Socio:  Yo no, Su Excelencia . . . lo juro.

Millonario:      Averigua quiŽn ha sido.

[Entra el Coro.]

Socio:  ÁAtenci—n! Han sido liberados Arnot y la hija de la obrera . . . quien sea el responsable, tendr‡ que soportar el peso de la Ley.

Millonario:      Si no entregan al culpable todos morir‡n de hambre. EncerrarŽ bajo siete rejas y siete candados, aves y reses, arroz y ma’z. RegarŽ las praderas con vuestra sangre y aumentarŽ el caudal de los r’os con lluvia de ojos. ÁNo tendrŽ piedad! Si ocultan al culpable, arrojarŽ la leche de todos los establos por las ca–er’as y cortarŽ el pescuezo a las gallinas. ÁTodo alimento quedar‡ preso en mis calabozos! ÁEs el precio del delito!

1er. Coreuta: ÁYo no he sido!

Coreuta: ÁPruŽbalo!

3er. Coreuta: ÁPiedad!

Millonario: A quien denuncie al culpable se le recompensar‡. ÁMil danios a quien entregue al culpable!

1er. Coreuta: ÁMil danios! ÁEncontrarŽ un culpable! ÀCu‡l es la diferencia entre un culpable y un inocente? Si son como dos gotas de agua, como dos mentiras, como dos verdades. ÀQuiŽn podr’a distinguir una de otra? Destruyen igual. Matan igual. ÁEncontrarŽ a un culpable!

2¼ Coreuta: [A la Segunda Coreuta.] ÀOyes? ÁEsta es nuestra oportunidad! ÀQuiŽn crees que haya sido?

Coreuta: [Al Segundo Coreuta.] ÀNo fuiste tœ?

Coreuta: ÀYo? ÀEst‡s loca?

3er. Coreuta: [Al Segundo Coreuta.] Tœ fuiste, no trates de ocultarlo.

Coreuta: [Al Tercer Coreuta.] ÀPor quŽ me culpas? ÀQuŽ tratas de esconder?

4 Coreuta: [Al Tercer Coreuta.] S’, ÀquŽ pretendes callar? ÁDi la verdad!

5 Coreuta: ÁLa verdad! [Al Tercer Coreuta.] Responde.

3er. Coreuta: [Al Quinto Coreuta.] ÀQuieres de vcras escuchar la verdad? ÀNo te da miedo que la diga? La verdad es un arma de dos filos, Àno temes que te hiera uno de ellos?

Coreuta: ÀTratas de culparme cuando eres tœ quien lleva la culpa escrita en tu miedo?

3er. Coreuta: ÁVaya desvergŸenza! ÀPor quŽ est‡s tan interesado en desviar de ti la atenci—n?

Millonario: ÁMil danios a quien entregue al culpable! Sea su padre o su hijo. De no entregarlo Áel hambre reinar‡! Vuestros hijos recibir‡n hiel en vez de leche y cuero en vez de carne. Os comer‡n vivos en su desesperaci—n y al final todos perecerŽis.

1er. Coreuta: ÁTengo al culpable! [Lleva hacia el Millonario al Segundo Coreuta.]

5 Coreuta:  ÁTengo al culpable! [Lleva hacia el Millonario al Tercer Coreuta.]

Coreuta: :  ÁNo!  ÁYo tengo al culpable! [Lleva hacia el Millonario a la Segunda Coreuta.]

Millonario: Tres culpables en lugar de uno. ÁEso est‡ bien! As’ se rinde un mayor tributo a la justicia.

y 2» Coreutas: ÁSoy inocente!

Millonario: ÁY quŽ importa! Regocijaos, si de esta manera qued‡is incluidos en la maquinaria de la justicia. Justicia e injusticia forman una misma moneda. Y Àcu‡ndo se ha visto que una moneda tenga un solo lado?

Coreuta: ÁSoy inocente!

3er. Coreuta: [Al Segundo Coreuta.] No lo eres. Yo te vi cuando quitaste la cadena.

        Coreuta: [Al Millonario.] ÁYo sŽ quiŽn es culpable! [Se abraza a sus rodillas.]

Millonario: [A la Segunda Coreuta.] ÁEres bonita! ÁHabla!

Coreuta: [Al Millonario.] ÁMi recompensa!

Coreuta: No tienes por quŽ cobrarla. [Al Quinto Coreuta.] Tu presa es falsa. Yo traje la verdadera.

1er. Coreuta: La recompensa ser‡ para m’.

Coreuta: ÁNo, para m’! [Se enfrentan los tres denunciantes.]

Coreuta: [Al Millonario.] No les escuches. Yo traje al culpable.

1er. Coreuta: [Al Millonario.] Te he dado pruebas ... soy yo quien merece la recompensa.

Coreuta: [Al Millonario.] ÀVas a desconfiar de m’?

Coreuta: ÁYo sŽ quiŽn es culpable!

Millonario: [A la Segunda Coreuta.] ÁHabla pues!

[Se escucha el tema musical de los enamorados, el ÒAdagioÓ de Albinoni. Entra a escena la pareja de enamorados.]

Coreuta: [Se–ala a la pareja.] ÁEllos! ÀQuieren una prueba? [Se yergue acusadora.] ÁMiren todos! No traen llave en la. espalda. Son culpables.

Coro:  Á Son culpables!

Coreuta: ÁNo traen llave!

3er. Coreuta: ÁSon culpables!

5¼ Coreuta: Llevan su delito a la vista.

Coreuta: ÁSon culpables!

Millonario: ÁDetenedlos!

[El Coro se arroja sobre los enamorados, los separa, al hacerlo deja de escucharse la mœsica. El coro los lleva ante el Millonario.]

Hombre: ÁNo me separen de ella!

Mujer: ÁSin Žl, me falta el aire!

1er. Coreuta: ÀSe abre el juicio?

Millonario: No hace falta. Si no traen llave en culpables. [Al Hombre.] ÀD—nde est‡ Arnot?

Hombre: Sin ella, me falta el aire.

Millonario:      ÁResponde!

Hombre: ÁNo lo sŽ!

Millonario: [A la Mujer.] ÀD—nde est‡ Arnot?

Mujer: No me separen de Žl.

Millonario:      ÁResponde!

Mujer: No lo sŽ.

Socio:  [Al Millonario.] Mientras llave, no responder‡n.

Millonario: ÁPonŽdselas entonces!

 [El Coro se divide en dos. Las mujeres coreutas arras­tran al Hombre a un extremo de la escena y los hom­bres coreutas se llevan a la Mujer al otro extremo.]

Coreuta: [Al Millonario.] Mi recompensa. [Servil.] Yo descubr’ a los culpables.

Millonario:      [Saca algunos billetes.] Toma y dŽjame en paz. [Al Coro.] ÀQuŽ esper‡is? ÁPonedles la llave!

[La Segunda Coreuta se retira contando su dinero hacia un rinc—n aislado, temiendo que la roben.]

Los dos coros: [A la pareja.] ÁLa llave ÁEntregadla!

Hombre y Mujer: ÁNo!

Los dos coros: ÁSi no la entreg‡is serŽis condenados con la pena mayor!

Hombre y Mujer: ÁNo!

Millonario: [A los coros.] ÁExaminadlos!

[El Coro masculino se arroja sobre la Mujer para regis trarla y el Coro femenino sobre el Hombre.]

Hombre: ÁEsto es un atropello!

Mujer: No me toquen. ÁNo entregarŽ la llave!

Millonario: ÁPonedles la llave!

Los dos coros: Imposible.

Millonario: Nada hay imposible para m’. Lo que sucede es que o sois cobardes o todav’a tenŽis escrœpulos.

Coro Femenino: ÁHa escondido la llave!

Coro Masculino: No podemos hallar su conciencia.

Millonario: Torpes, eso es lo que sois. [Se acerca a la Mujer] Á Entrega la llave! ÀTe gustar’a ver a tu amado tuerto o ciego?

Mujer: ÀPara quŽ necesitar’a los ojos? Si entrego la llave s—lo ver’a mi deformidad.

Socio:  [Al Hombre.] Si no entregas la llave torturaremos a tu amada.

Hombre: Mayor tortura ser’a para ella que entregara la llave que me confi—.

Millonario: Arrancadle la piel. [El Coro la piel de un brazo. Ella grita.]

Millonario: [A la Mujer.] Si entregas la llave, Žl ser‡ rico y poderoso.

Coros: ÁLa llave!

Mujer:             ÀPara quŽ le servir’a la riqueza si se avergonzar’a de ella?

Coro:   ÁLa llave! ÁLa llave! La que cierra y abre. La llave que todo lo iguala. La llave maestra. Cerrojo de la conciencia. ÁLa llave!

Socio:  [Al Hombre.] Si entregas la llave, ella ser‡ m‡s que una reina.

Coros: ÁLa llave!

Hombre: Con un reino habitado por monstruos.

Coro Femenino: ÁReino de hadas y sirenas!

Coro Masculino: [A la Mujer.] Si la entregas, Žl abrir‡ las puertas del cielo.

Mujer: Las del infierno.

Hombre: ÁReino de mu–ecos sin voz!

Millonario: [A la Mujer.] Si entregas la llave todos te reveren­ciar‡n.

Mujer: Pero yo me despreciar’a.

Socio:  [Al Hombre.] Poseer’as todo cuanto desearas.

Hombre: Menos mi conciencia.

Coros: ÁLa llave! ÁLa llave!

Socio:  [Al Millonario.] ÁEs inœtil!

Millonario: [Al Socio.] ÀInœtil? ÁVeremos! [A la Mujer.] ÀSabes quŽ tengo aqu’? ÁLa llave! ƒl la ha entregado. Ha sido inœtil tu resistencia.

Mujer: ÁNo! No puede ser . . .

Millonario: [Mostr‡ndole una llave falsa.] ÀNo? ÁMira!

Mujer: [Desilusionada.] ÁEntonces Žl me ha traicionado!

Millonario: ÁS’!

Socio:  [Al Hombre.] ÁTu amada ha entregado tu llave! ÀTe das cuenta de que has hecho el rid’culo?

Hombre: ÁNo! No puede ser . . .

Socio:  [Mostr‡ndole otra falsa llave.] ÀNo?

Hombre: Ella me ha traicionado . . [Desilusionado.] Entonces nada tengo que defender . . . aqu’ est‡ su llave.

Mujer: ÁTodo es inœtil entonces! . . . Aqu’ est‡ la llave. Millonario: ÁA la tarea! [Entrega la llave al Coro femenino que se arroja sobre el Hombre para ponerle la llave en la espalda. El Socio entrega la otra llave al Coro masculino que se arroja sobre la Mujer, para ponerle la llave. Los coros se incorporan y dejan ver al Hombre y a la Mujer con su llave en la espalda. Desde este momento, Hombre y Mujer caminar‡n y se mover‡n como los dem‡s, mec‡nicamente] ÁEncadenadlos ahora! Debe­r‡n pagar el delito de haber dado la libertad a mi hijo.

[Los dos coros conducen al Hombre y a la Mujer al centro de la escena. ƒstos quedan frente a frente.]

Mujer: ÀC—mo puedes mirarme a los ojos?

Hombre: ÀC—mo puedes mirarme a los ojos?

Mujer: Me mostraron la llave que te entreguŽ.

Hombre: Me mostraron la llave que te entreguŽ.

Mujer: ÁY tœ les cre’ste!

Hombre: ÁY tœ!

Mujer: No podremos volver a mirarnos.

Hombre: Han matado nuestro universo.

Mujer: Y nuestra luz.

Hombre: Adi—s.

Mujer: Adi—s.

[Los coros los encadenan.]

Arnot: ÁNo! Todav’a pueden salvarse.

Claudia:  ÁCuidado!

Arnot: [A Claudia.] ÀCreer‡s siempre en mi?

Claudia:  S’ . . . creerŽ siempre en ti. Nunca entregarŽ tu llave.

Arnot: ÀAunque yo entregara la tuya?

Claudia:  Nunca.

Arnot: Entonces, ven.

Millonario: [Al Hombre.] ÀD—nde est‡ Arnot? [. Ve al ni–o. Se escucha tenuemente ÒTrist‡n e IsoldaÓ de Wagner.] ÁArnot! Te prohib’ que traspasaras tu frontera. Recibir‡s el castigo. Ponedles la llave.

Coro:   ÁLa llave! ÁLa llave! La que cierra y abre. La llave que todo lo iguala. La llave maestra. Cerrojo de la conciencia. ÁLa llave!

Hombre y Mujer: Pero si son apenas unos ni–os.

Millonario: Cuando se ha traspasado la frontera, se ha dejado de ser ni–o. ÁLa llave!

Primer Coro: Á Se les acusa de haber pensado por s’ mismos!

Segundo Coro: De haber cruzado las fronteras.

Los dos coros: Se les acusa de haber comido manzanas.

Primer Coro: De rebeld’a.

Segundo Coro: De haber so–ado.

Los dos coros: Se les acusa . . .

Primer Coro: De no ser como todos.

Segundo Coro: De haber decidido quŽ camino seguir.

Los dos coros: Son culpables. ÁLa llave! La que todo lo cierra y todo lo abre. [Sube la mœsica.]

Claudia:  ÁTengo miedo!

Arnot: No temas . . . estamos juntos.

[Los dos coros tratan de acercarse a los ni–os, pero una pesadez se apodera de ellos, como si les costara trabajo moverse. Los ni–os avanzan uno hacia el otro bajo un pasillo de luz, hasta el abrazo en el cl’max de la mœsica.]

Claudia:  ÁTengo miedo!

Arnot: ÀQuieres venir conmigo a nuestra luna? Ah’ no hay llaves para dar cuerda, ni enga–os, ni fronteras.

Claudia:  S’ . . . vamos

Millonario: ÁQuemad el manzano!

Coro: ÁEl manzano no volver‡ a ser c—mplice! ÁFuego al man­zano!

[Los dos coros, nuevamente fusionados en uno solo, prenden fuego al ‡rbol.]

Claudia:  ÀY nuestro bosque de eucaliptos?

Arnot: All‡ ser‡ m‡s grande y m‡s verde.

Claudia:  ÀNos recostaremos sobre la hierba a mojamos de sol?

Arnot: Si, y nos vestiremos de blanco como nuestra luna. [Al Hombre y a la Mujer que, ahora, est‡n encadenados.] ÀVienen con nosotros?

Hombre: Estamos atados.

Mujer: Somos dŽbiles.

Hombre y Mujer: ÁS‡lvense ustedes! Los hombres matan lo que aman y destruyen lo bello. Á S‡lvense ustedes!

Arnot: [A Claudia.] ÀA la luna?

Claudia:  A la luna. [Se dirigen al ‡rbol que arde ya. El Coro no se atreve a acercarse al fuego.]

Millonario: No . . . eso no . . .

Coro: ÁEl manzano arde!

 [Claudia y Arnot suben al ‡rbol que enrojece m‡s.]

Millonario: ÁNo! [El Coro recupera la ligereza de sus movimientos.] ÁArnot! . . . no quer’a yo eso . . .

Coro: ÁAhora todo est‡ en orden!

[El Coro gira alrededor del tronco con movimientos ‡giles, pero siempre mec‡nicos, y confundidos entre Žl, el Hombre y la Mujer.]

Meg‡fono:  [Dominando los lamentos del Millonario y las voces del Coro.] Como todos los d’as a esta misma hora, abrimos las puertas de nuestra Magna Exposici—n, en la que ustedes, hombres del siglo XXI, podr‡n penetrar en los misterios del microcosmos y del macrocosmos. Pasen, pasen a ver de cerca la Luna, entren en su horizonte, viajen sobre ella, giren con ella, sigan su ritmo que es el ritmo de la vida.

Arnot: [Ya arriba del ‡rbol, a Claudia.] Jugaremos con nuestro gatito . . . y comeremos ra’ces.

Claudia: CompartirŽ tu sombra.

Arnot:        Y yo tu luz.

[Las ramas del ‡rbol arden.]

Millonario: ÁNo! [Llorando al pie del tronco.] Arnot . . . no quer’a yo eso . . .

Coro:          [Como un eco deformado.] Todo est‡ en orden . . . en orden . . . en orden . . .

[ Se escucha la mœsica de ÒEl c—ndor pasaÓ del Perœ. El personaje que mim— el ‡rbol sale por el hueco del tronco seguido por el venado, el gato, Claudia y Arnot. Todos bajan por un extremo del foro, al lunetario repartiendo flores, cruzan entre el pœblico y desaparecen. ]

TELîN LENTO

Versi—n original: MŽxico, 1963-1964. Publicada en 1966  y 1978.

Versi—n revisada para escenificaci—n: Orlando, 1992

Revisi—n para nueva publicaci—n: Cuernavaca, 2005.



[1]  En la nueva versi—n,  no son dos meg‡fonos, sino una Meg‡fona y un Meg‡fono. interpretados respectivamente por una mujer  y  un hombre.